¿Se tatuaban los Pictos? (y 2)

Hemos hecho un buen repaso a lo escrito por los historiadores grecolatinos sobre los tatuajes de Britanos y Pictos. Aunque parece exagerado asegurar que todos esos historiadores se limitan a repetir, con mayor o menor fidelidad, lo dicho por César, debemos admitir que ninguno de ellos habla de experiencias directas, lo que saben de Britania lo conocen por haberlo leído a historiadores precedentes. El único pisó Britania fue Julio César y él no habla de tatuajes, él sólo menciona el vitrum que usan para pintarse la piel. Además, si es acertada la identificación que suele hacerse de ese tinte azulado extraído del glasto, os diré que dicho tinte no puede usarse para elaborar tinta de tatuaje porque evita que cicatricen las heridas. Hasta ahora, con lo único que contamos a favor de la práctica del tatuaje en la antigua Britania, es: la persistencia de muchos historiadores clásicos en hablar sobre las marcas en la piel de los nativos de aquella isla, como ninguno de ellos estudio en la Universidad Rey Juan Carlos quizás no estén simplemente plagiándose unos a otros; y, el conocimiento indirecto de Britania de uno de ellos, Estilicón, el mecenas de Claudiano, sí estuvo en la isla sofocando una revuelta de Pictos y Escotos. No es mucho pero algo es algo.

En la Edad Media seguimos encontrando numerosas referencias a la costumbre del pueblo Picto de decorarse con marcas permanentes la piel. Quizás, la más importante de dichas referencias, sea la que deja escrita sobre ese pueblo nuestro Isidoro de Sevilla… “Su nombre se deriva de la apariencia de su cuerpo, sobre el que practican pequeñas per-foraciones con el extremo de una aguja, impregnada con el jugo extraído de una planta nativa, de modo que por las marcas que llevan en sus extremidades demuestran su rango y su nobleza” (1). Pero siendo Isidoro un buen conocedor, como es, de la historiografía clásica podríamos descartarle precisamente por su erudición. Si en la antigüedad clásica los tatuajes se habían convertido en un tópico al hablar de Britania, nuestro buen Isidoro bien puede estar perpetuando ese mito y, a su vez, debido a la gran influencia de su obra en toda Europa occidental podemos descartar muchas de las referencias posteriores a él, porque se limitan a copiar lo dicho por el sevillano (a veces casi literalmente, como sucede con la Crónica Picta del siglo X). El caso es que se siguen repitiendo referencias sobre los tatuajes pictos hasta bien entrada la Edad Media, así, todavía en el siglo XI encontramos  una versión en gaélico de la Historia Brittonum de Nennius que vuelve a afirmar  lo mismo “reciben su nombre por tatuar su pálida piel” (2).

Os estaréis preguntando ¿para qué sigo acumulando citas y citas de historiadores si todos parecen limitarse a repetir lo dicho por sus antecesores? A estas alturas, la mera acumulación de referencias no va a demostrar nada. Estoy de acuerdo, hemos de buscar alguna otra forma de resolver nuestro enigma. La única prueba indiscutible, que demostraría la práctica del tatuaje en el norte de Britania, sería encontrar un cuerpo momificado con tatuajes, uno como Ötzi o las momias Pazyryk desmotrarían su uso taxativamente. Pero por desgracia, para el caso de Britania no hemos encontrado cuerpos momificados con tatuajes, se han encontrado varios cuerpos conservados en turberas y alguno de ellos conserva restos de pintura corporal pero no marcas permanentes en su piel. Ésa sería la opción ideal, pero también es muy improbable.

De los tatuajes Tracios ha quedado constancia en el arte, hay numerosos restos de cerámica griega donde se representan personajes con figuras de animales y motivos geométricos dibujados sobre la piel, personajes que son identificados como Tracios por esos tatuajes ¿Hay algo así en Britania? De los Pictos se conserva un enorme corpus escultórico en piedra, pero la sutileza con la que sería representado un tatuaje sobre una escultura y el paso de los siglos hacen que sea muy problemático identificar, de manera taxativa, como tatuajes algunas de las marcas que se pueden apreciar sobre alguna de las figuras humanas representadas en el arte Picto. Hemos de irnos a la vecina Irlanda para encontrar alguna pista más contundente, así, en el Libro de Kells, una de las obras maestras de la iluminación medieval, donde aparecen representados varios guerreros con el cuerpo pintado de azul y verde, también aparece un hombre, que está siendo devorado por un gran león, con los miembros cubiertos de entrelazos (la imagen que abre el artículo es una reproducción de esa miniatura). ¿Son esas marcas que se ven sobre el cuerpo del hombre devorado tatuajes o quizás bordado sobre sus ropas? Otro callejón sin salida pero, si os fijáis en el rostro, podéis ver tres marcas sobre su mejilla que podrían ser pecas… a no ser que guarden relación con lo que apuntaba Claudiano sobre Britania, a la que personificaba como una “una mujer con las mejillas tatuadas“.

Hemos acumulado un montón de pruebas circunstanciales, pero nos falta la pistola humeante que pruebe la práctica del tatuaje en el norte de Britania… De los historiadores y de los poetas no nos fiamos, el arte no es concluyente… ¿os convencería un testigo directo? ¿Quizás un enviado papal sea digno de crédito? Pues ese testigo existe, es Jorge, Obispo de Ostia, enviado junto Teofilacto, Obispo de Todi, por el Papa Adriano a Inglaterra en el año 786 con la misión de evaluar cuál es el estado de la iglesia en la isla y tratar de erradicar posibles herejías. Tras reunirse con los monarcas de los reinos sureños de Wessex y Mercia, Teofilacto dirige sus pasos hacia Gales mientras que su compañero marcha hacia el norte, a Northumbria, donde se reunirá con Alcuino y el rey Aelfwold en York. Es durante esa estancia en el norte de Inglaterra cuando, Jorge de Ostia, condena la práctica pagana de desfigurar el cuerpo con “horribles cicatrices” y “la injuria de teñirse la piel”(3). El Obispo de Ostia condena una práctica, la de tatuarse el cuerpo, que aún pervive en el norte de Britania cuando él visita Northumbria, Jorge no  tendría necesidad de condenar un tópico de la literatura latina sobre los habitantes de Britania o bien podría haberlo hecho nada más desembarcar en la isla. Sin embargo, es cuando viaja al norte cuando decide condenar explicitamente una práctica que, a sus ojos, es bárbara y pagana. En mi opinión, esa condena del enviado papal prueba taxativamente que, al menos hasta el 786, la práctica del tatuaje pervivió en el norte de Britania y, por tanto, no estamos ante un mito historiográfico sino ante una realidad.

Ilustración © Vítor González, Pictish Man? Kells Folio 130R (publicada originalmente en el libro Arte Del Norte, 2016)

1 San Isidoro de Sevilla, Etimologías

2 Gilla Cóemáin (atribuido), Lebor Bretnach

3 Nick Aitchison, The Picts and the Scots at War

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