Myths and Symbols in Pagan Europe

IMG_20180903_125736_135

Una de mis intenciones a la hora de empezar a trabajar en este blog era el poder hablar de libros, uno de mis vicios confesables… Hoy tenemos la suerte de que cada vez se publican más trabajos en castellano sobre los temas que nos ocupan, pero hasta hace pocos años había que luchar casi exclusivamente con bibliografía en inglés. Muchas de esas monografías siguen sin traducirse a nuestra lengua y sigue siendo interesante tenerlas presentes.

Estreno pues está sección bibliófila con un trabajo que fue rompedor cuando se publicó, por su originalidad a la hora de abordar el estudio de las religiones de la Europa antigua. No es una novedad, ahora se cumplen los 30 años de su publicación, pero aún sigue siendo un trabajo de referencia.

Myths and Symbols in Pagan Europe. Early Scandinavian and Celtic Religions

Hilda Ellis Davidson, 1988

ISBN O-8156-2441-7

La originalidad, de este estudio sobre las religiones precristianas de los pueblos del noroeste de Europa, es que, en vez de abordar por un lado el mundo céltico y, por otro, el germano-nórdico, Davidson los aborda en paralelo incidiendo en las numerosas similitudes que tienen ambas estructuras religiosas. Esas semejanzas que destaca la autora ¿se deben a la influencia vikinga en occidente o son rastreables en un pasado más remoto? Myths and Symbols in Pagan Europe se enfrenta a esa cuestión usando las evidencias extraídas de la arqueología, la iconografía, la literatura y el folklore.

El fake de la cruz picta de Álora (y 2)

El periódico ABC se ha hecho eco de las sospechas que planteaba el domingo pasado sobre la autenticidad de la cruz picta de Álora. Para empezar me gustaría agradecerle a Mónica Arrizabalaga, la autora de ambos artículos, que haya prestado oído a mis argumentos y que los haya reproducido tan fielmente en este último.

Creo que este asunto ha quedado solucionado más allá de cualquier duda razonable y que poco más se puede añadir al tema, pero trataré de aclararos el origen de algunos datos que se mencionan en la noticia publicada ayer y que yo no pude incluir en la entrada del blog del domingo por falta de tiempo.

  • ¿Cómo doy con la cruz picta original? Cuando vi la primera foto de la estela de Álora me pareció auténtica, no encajaba cronológicamente con el paso por Málaga de Sir James Douglas, pero sí parecía una verdadera estela picta y me resultaba familiar… Con esa sensación me puse a rebuscar entre mis libros de arte medieval y, tras un rato de búsqueda, di con un diagrama de la cruz de Álora en el libro de Derek Hull Celtic and Anglo-Saxon Art Geometric AspectsEl problema es que en esa monografía se decía que la cruz era la Inchbrayock Cross y estaba depositada en el Montrose Museum de Escocia. A partir de esa referencia fue muy fácil encontrar información y material gráfico de la estela original en internet, en especial en el sitio web de Canmore, el catálogo en línea escocés de patrimonio arqueológico, arquitectónico, industrial y marino (una gozada de sitio, si yo tuviese en mi poder cualquier objeto arqueológico del que sospechase que tiene la más mínima relación con Escocia, sería la primera institución a la que me dirigiría).
  • ¿Alguien más ha supuesto lo mismo que yo? Nada más y nada menos que la Pictish Arts Society (que algo sabrán del tema), que también el mismo domingo compartían en su página de Facebook la noticia sobre la cruz de Álora (ellos comentaban lo que publicaba El País y no lo del ABC). El comentario con el que acompañaban la noticia era: “Un artículo muy extraño en la prensa española. Un historiador español cree que esta piedra que está en un museo español podría ser la lápida sepulcral del siglo XIV de Douglas El Negro. Es, de hecho, una reproducción de la muy hermosa Cruz Picta de  Inchbrayock del Museo Montrose.”

Pese a que todo apunta a la falsedad de la estela de Álora, en el artículo de ayer, el señor Otero volvía a defender su autenticidad y lo hacía planteando la posibilidad de que ambas cruces fueran obras de un mismo cantero o, quizás, de uno que conociese directamente o por referencias la original de Inchbrayock.

La cruz de Inchbrayock se encontró en 1849 y está datada como de mediados del siglo IX, pertenece a la última fase del arte picto. Si trasladamos esa cronología a la Península Ibérica vendría a ser contemporánea de Santa María del Naranco, del período Ramirense del Arte Asturiano. Sin embargo, en Álora, relacionan a su hermana gemela con un caballero del siglo XIV. Hay casi 500 años de diferencia entre una cosa y la otra. Sería como decir que, los canteros que levantaron Santa María del Naranco, luego hubiesen participado en la construcción de la Catedral de Oviedo (que empezó a construirse en 1377). El que ambas cruces fuesen labradas por el mismo artesano, queda descartado.

¿Pudo ser reproducida por un cantero del siglo XIV que conociese la estela original de Inchbrayock? El arte céltico insular se basa en patrones geométricos muy precisos y bien definidos, los diseños finales tienen una apariencia muy compleja pero con unas nociones básicas de geometría y un poco de práctica cualquiera puede dibujar entrelazos o trisqueles. El problema con la cruz de Inchbrayock es que pertenece a la fase final del estilo, cuando los artesanos ya no seguían de forma fiel esos patrones geométricos que marcaban el canon del estilo, podríamos decir que trabajaban de forma más libre prescindiendo de compases y escuadras. Imaginad un dibujo técnico hecho a mano alzada. Eso sería Inchbrayock. Derek Hull, en el libro que cito más arriba, dice del diseño de esta cruz que: “El aspecto más interesante de este diseño es la forma en que el artista ha combinado dos motivos completamente diferentes para que las key patterns (el motivo similar a las grecas del centro de la cruz) fluyan en las espirales y viceversa. El diseño es dinámico y su patrón es impredecible. No sería posible reconstruir ninguna parte del diseño si la piedra se hubiera roto y se hubieran perdido las piezas.” Él es profesor de ingeniería y, para dibujar el diagrama de la cruz de Inchbrayock que aparece en su libro, tuvo que basarse en fotografías y calcos del original porque, de otra forma, éste sería irreproducible. Parece poco probable que un cantero del siglo XIV pudiese reproducir, tan fielmente, el diseño de la pieza original estando ésta a miles de kilómetros.

Un cuento de brujas irlandés

Hace un par de años tuve la brillante idea de recopilar una serie de cuentos celtas de terror y publicar una antología con ellos, trabajé afanosamente en ese proyecto que iba a titularse Cuentos del Samhain y, como la mayoría de mis ideas más brillantes, el proyecto acabó naufragando de manera estrepitosa contra los acantilados de mi pereza… El caso es que, durante esas dos semanas, recopilé bastante información e incluso me dio tiempo a reescribir en castellano tres o cuatro de esas narraciones tradicionales. Quizás hoy no nos parezcan muy terrorificas, porque hoy convivimos a diario con el terror y eso ha cauterizado nuestra capacidad de sentir miedo.

El caso es que ya solamente quedan dos meses para el Samhain, las puertas que separan el mundo de los vivos del mundo de los muertos están a punto de abrirse de nuevo, y me ha parecido que esta cercanía con la noche de ánimas es una escusa perfecta para recordar un de los viejos cuentos de brujas que había recopilado para mí proyecto. Espero que os guste y que la adaptación que he hecho del cuento no le haga desmerecer demasiado.

 

Las Brujas Cornudas

 

Extrañas son las costumbres de las hadas y las brujas de Irlanda, absurdas e incompresibles a nuestros ojos, pero a pesar de sus modales salvajes e indómitos, ellas, siguen unas reglas… reglas escritas en las ramas de sauce que acarician apacibles estanques en mitad de los bosques. Si estáis atentos, quizá si sois afortunados, puede que un pozo os susurre secretamente esas reglas.

Hace tiempo, estando una mujer cardando lana al calor de la chimenea en su humilde granja, el sol ya se había puesto hacía horas y sus hijos dormían pero ella continuaba trabajando. La lana alcanzaría un buen precio en el mercado y daría para comprar mantequilla, quién sabe si un poco de carne, al menos eso era lo que pensaba la mujer que seguía cardando e hilando con tesón. Esos eran sus pensamientos cuando, de repente, alguien picó a la puerta. No sabía si lo había imaginado o lo había soñado, pero se levantó para ir a cerciorarse, quizás uno de sus vecinos necesitaba ayuda…

-¡Abrid y dejadme entrar!- gritó una voz desde el exterior.

-¿Quién está ahí?- preguntó la mujer.

-¡Soy la bruja de un cuerno!- Bramó la voz del exterior que sonó demasiado tétrica como para ser real. “Este año las bromas del Samhain se adelantan” pensó la mujer para sí que, pese al miedo que le producía aquella voz, decidió abrir la puerta.

Lo que se encontró en el umbral de su casa fue una extraña anciana de pelo enmarañado y ojos brillantes como carbones al rojo, pero lo más llamativo de su apariencia era el cuerno que tenía en medio de su frente.

La vieja cornuda se sentó al lado del fuego y empezó a cardar lana a una velocidad inusitada, la mujer de la casa estaba demasiado sorprendida, demasiado asustada como para poder articular una palabra.

De repente la extraña anciana hizo una pausa, miró alrededor con mirada inquisitiva y preguntó a su anfitriona:

-¿Dónde están el resto de las mujeres? Se retrasan demasiado…

Y dicho esto, nuevos aldabonazos sonaron en la puerta.

-¡Abrid! ¡Abrid la puerta!- Bramó una nueva voz femenina desde el exterior y, otra vez, la señora de la casa se sintió obligada a levantarse y abrir la puerta. De inmediato, otra bruja entró en la casa, esta vez con dos cuernos en la frente y una rueca de hilar bajo el brazo.

La recién llegada ocupó otro lugar junto al hogar y, de inmediato, empezó a hilar la lana tan rápida y violentamente como la primera bruja la había cardado.

Mientras las extrañas viejas seguían cardando e hilando con frenesí, más ancianas fueron llamando a la puerta, ocupando un sitio junto al fuego de la casa y uniéndose a la labor de sus hermanas. Así, hasta doce brujas se juntaron ante la aterrorizada mujer y, si la primera vieja que había entrado tenía un cuerno, la última en llegar tenía doce.

En torno al fuego la docena de brujas cornudas cardaron la lana, hicieron girar sus ruecas y tejieron una espantosa tela como si de un cónclave de arañas se tratase, sin mediar palabra, acompañándose únicamente por el canto rítmico y repetitivo de unos antiguos versos. La mujer de la casa permanecía paralizada pero plenamente consciente, como presa de un hechizo, sin poder articular palabra. Su marido y sus hijos dormían, seguramente también bajo alguna especie de encanto mágico, porque el trabajo y la canción de las brujas provocaban tal ruido que hubiera podido arrancar a cualquiera de un sueño normal.

Entonces una de las viejas llamó a la mujer en el idioma antiguo, ordenándole que les hiciera un pastel, y aquellas palabras la sacaron de su parálisis. Se dispuso a traer agua del pozo para poder mezclar los ingredientes del pastel, pero el único recipiente que tenía disponible era el balde en el que había lavado los pies de sus hijos, en cuanto lo alzó las doce brujas se retorcieron, bufaron y se erizaron como un gato encolerizado.

-¡No uses eso! ¡Nada que haya tocado el agua con que lavas los pies de tus hijos!- Bramaron al unísono para, a continuación, escupir en el suelo -¡Toma ese tamiz en su lugar y ve a por el agua!

La mujer obedeció y se dirigió al pozo pero, como es natural, o pudo recoger ni una gota de agua en el tamiz. Con un escalofrío repentino, empezó a sospechar que las brujas le habían encomendado aquella ridícula tarea con el único fin de alejarla de la casa y de su familia. Presa de la desesperación ante la posibilidad que las malévolas viejas hicieran daño a sus hijos, se desplomó al lado del pozo llorando. Fue en ese momento cuando una voz surgió del pozo y dijo:

-Mujer. Toma arcilla amarilla y musgo, haz una masa con ellos y enyesa el tamiz. Así podrás acarrear agua hasta la casa.

Una vez que la mujer siguió estas instrucciones y recogió agua suficiente, la voz del pozo volvió a decirle.

-Ahora vuelve a la casa y, cuando alcances la esquina que da al norte grita tres veces “¡La montaña de la mujeres del Sidhe y el cielo sobre ella está en llamas!”. Eso las hará huir momentáneamente, pero tendrás que asegurar tu casa para impedirles que vuelvan.

Y ella así lo hizo.

Cuando las brujas oyeron los gritos de la mujer, empezaron también a chillar y dar terribles aullidos y, de inmediato, salieron corriendo de la casa dirigiéndose rápidamente hacia Sliabh na mBan, pues ése es su hogar la mayor parte del año, sin dejar de rasgar la noche con sus gritos lastimeros y sus terroríficos lamentos.

Recordando entonces los consejos del al voz del pozo, la mujer se apresuró a preparar la casa antes del retorno de las brujas. Lo primero que hizo, para romper sus hechizos, fue rociar el umbral de la casa con el agua que quedaba en el balde del lavado de pies de sus hijos. A continuación tomó el pastel que las brujas habían cocinado en su ausencia, en cuya masa las brujas habían mezclado sangre extraída de su familia dormida, lo desmenuzó y puso un trocito de pastel en la boca de su marido y de cada uno de sus hijos, así éstos recuperarían la sangre que les habían extraído y volverían a un sueño normal. Luego tomó la espantosa tela que habían tejido las brujas, la enrolló y la dispuso en un arca de tal forma que la mitad de la tela quedaba en el interior y la mitad fueran, cerró el arca y le puso un candado de hierro. Por último, atrancó la puerta con una pesada viga de roble y hecho esto, al fin, pudo descansar.

Cuando al cabo de unas horas regresaron las brujas estaban negras de rabia e ira. Inmediatamente se dirigieron a la puerta gritando pero el umbral había sido rociado con el agua del lavado de pies

-¡Ábrenos, ábrenos agua del lavado de pies!- Gritaron las brujas.

-No puedo -dijo el agua de los pies- estoy esparcida por el suelo y, ahora, mi camino me conduce al lago.

-¡Ábrenos madera, árboles y vigas! -gritaron a la puerta.

-No puedo -contestó la puerta-, porque la viga está fijada en las jambas y yo no tengo poder para moverme.

-Pastel que hemos cocinado y mezclado con sangre ¡ábrenos tú! –volvieron a gritar las doce brujas cornudas.

-No puedo –se lamentó el pastel- porque estoy quebrantado y herido y mi sangre está en los labios de los niños dormidos.

Entonces las brujas salieron volando por el aire dando grandes alaridos y lamentos camino de regreso a Sliabh na mBan, vertiendo extrañas maldiciones sobre la voz del pozo que deseara su ruina. Pero la mujer y la casa quedaron al fin en paz. En su huida, a una de las brujas, se le cayó un manto, que fue guardado y conservado por la familia en memoria de aquella noche durante 500 años.

Adaptado de la versión recogida por Joseph Jacobs en su Celtic Fairy Tales de 1892.

Ilustración: The Witches’ Sabbath de Hans Baldung Grien, 1510.

El fake de la cruz picta de Álora

Hoy un amigo mío ha compartido en facebook una noticia sobre la ‘cruz celta de Álora‘ (puedes ver la noticia original aquí). Según parece, esta estela, fue encontrada de forma casual en 2003, cerca de la localidad malagueña de Álora y tiempo más tarde fue donada al museo de historia local por la persona que la había encontrado.

He de reconocer que, a pesar de ser un auténtico friki en lo que se refiere al arte celta, jamás había oído mencionar dicha pieza ni había leído ninguna referencia sobre ella. Lo más sorprendente de todo es que parece auténtica, no es la cruz celta que estamos acostumbrados a ver en las películas, sino que es una cruz picta muy tosca y con una ornamentación enigmática. Si alguien hubiese querido labrar una cruz celta para hacerla aparecer en un contexto exótico (Málaga), intentando hacerla pasar por una pieza arqueológica seguramente habría labrado una cruz con un diseño menos complicado.

Según nos narra Mónica Arrizabalaga en su artículo para ABC la arqueóloga responsable del Museo Municipal de Álora, Dª María José Sánchez, no dudaba de la autenticidad de la pieza pero no encontraba una explicación de cómo podría haber llegado hasta Álora tal estela celta. Es ahí, donde el historiador antequerano D. Isidoro Otero, plantea la hipótesis de que esa cruz esté relacionada con Sir James Douglas y su participación en la toma del Castillo de Teba, acción militar en la que dicho caballero escocés y la mayoría de sus hombres perecen. Según el señor Otero los huesos y el corazón embalsamado de Sir James fueron llevados de nuevo a Escocia por los escoceses que sobrevivieron a la toma de Teba, pero el resto de su cuerpo debió de ser enterrado cerca de Álora y sus hombres bien pudieron levantar una lápida para honrar el sepulcro de su señor, una lápida labrada con ornamentos de inequívoco origen celta.

Cruz celta, con las características de las que se erigían en el noroeste de Escocia; caballero escocés muerto en batalla al que homenajean sus hombres… Todo parece encajar de una forma perfecta, más si tenemos en cuenta que hablamos de Álora en Málaga ¿Con qué otra cosa podría relacionarse la estela celta del museo? Casi todos parecen haber pasado por alto que la Batalla de Teba, y por tanto la muerte de Sir James Douglas, se produjeron en 1329; las estelas pictas con las que parece tener paralelismos la de Álora se labraron entre el siglo VI y el IX. En el mejor de los casos hay una brecha de 400 años entre la expedición de Sir James Douglas y las cruces de ese estilo. Ni la  señora Sánchez, responsable del museo, ni el señor Otero han prestado atención a un  pequeño detalle de 4 siglos.

Que haya ese desfase de 400 años entre el paso del caballero escocés por Álora y el estilo de la pieza escultórica sólo descarta que ambos estén relacionados, pero la estela podría seguir siendo auténtica… pero desgraciadamente no lo es, parece auténtica pero es un a falsificación. Su estilo tosco y poco elegante, su iconografía enigmática, su estilo inequívocamente picto parecen confirmar su autenticidad pero en realidad sólo confirman su falsedad, porque la de Álora es una copia exacta, una reproducción de la Inchbrayock Cross que actualmente puede verse en el Montrose Museum de Escocia.

¿Quién se ha molestado en organizar esta gigantesca broma? Alguien con mucho tiempo libre y un conocimiento del arte medieval escocés bastante amplio, la de Inchbrayock no es una cruz muy conocida, pero no soy capaz de entender cómo su reproducción ha pasado años en el Museo de Álora sin haberse comprobado su autenticidad, a mí me ha llevado una tarde de domingo. Es una pena, porque la de Sir Douglas es una de esas historias que me fascina y tenía pensado contarla en este blog.

Foto de la Cruz de Álora: Juan José Acedo (Museo de Álora)

 

El Bosque Tenebroso

Bienvenidos a Myrkviðr, lo que en castellano vendría a ser  el bosque oscuro o tenebroso, es ésta una palabra que aparece en varias sagas nórdicas para dar nombre unas veces a bosques reales y, otras, a lugares puramente mitológicos. Así, en la Saga de Hervör, Myrkviðr es la extensa masa boscosa que separa a los godos de los hunos; en cambio, en la Edda Poética, es el bosque que separa Asgard de Muspelheim… También sirvió de inspiración a Tolkien a la hora de crear su Mirkwood y, a mí, me ha servido para dar un nombre chulo a mi nuevo blog.

Sagas nórdicas, Tolkien… no se puede decir que no os esté dando pistas de qué va a tratar Myrkviðr, porque va a tratar de eso pero también de muchas más cosas. Los europeos hemos borrado gran parte de nuestro pasado, asumiendo que somos el producto de la civilización grecorromana. Ignoramos lo que éramos antes de ‘ser civilizados’ por Roma y asumimos que, la caída del imperio y la irrupción de los pueblos germanos en occidente, ‘frenó’ el progreso de nuestra civilización. Sin embargo, nos guste o no, todos esos pueblos y culturas más o menos refinados, han contribuido a hacer de nosotros lo que somos hoy en día. Mi intención es contribuir, modestamente, a la difusión del arte y la mitología de esos pueblos del norte y occidente europeos, simplemente para que podamos conocernos un poco mejor a nosotros mismos.

En los últimos años series como Vikingos han hecho que mucha gente se interese por la cultura nórdica, lo mismo que las adaptaciones cinematográficas de los libros de Tolkien han contribuido a aumentar el interés de algunos por la mitología de los antiguos germanos… Lo que yo pretendo es rescatar del olvido algunos aspectos, algunas historias de la mitología, el arte y la historia de esa vieja Europa bárbara de una forma amena e informal. Quizás estoy siendo muy ambicioso, pero cuento con la ventaja de que el material con el que trabajo es extenso y de primerísima calidad. Estoy seguro que las historias que os presentaré aquí os harán adentraros cada vez más en el bosque tenebroso.

Ilustración: Princess Tuvstarr Gazing Down Into the Dark Waters of the Forest Tarn, de John Bauer. Imagen de dominio público.