La Rosa Blanca de Estalingrado

Dado que el mundo está tan lleno de muerte y horror, intento una y otra vez consolar mi corazón y recoger las flores que crecen en medio del infierno“.

Herman Hesse

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Hoy me desvío completamente de la temática del blog, permitidme esa licencia.

Cada vez que echamos la vista hacia el pasado encontramos historias de gente corriente que, en unas circunstancias dramáticas, se convierten en personajes extraordinarios (otras muchas se transforman en seres despreciables, es cierto). Pero todos esos personajes, los extraordinarios y los despreciables, suelen ser víctimas del olvido con inusitada rapidez. Supongo que, en gran medida, eso es debido a quién nos cuenta la Historia y cómo nos la cuenta… Y con esto no me estoy refiriendo al ámbito académico sino a la cultura popular. Creo que las fuentes principales de conocimiento histórico de la mayoría de nosotros son el cine, la televisión, la literatura… Hemos aprendido a ver el pasado con la mirada de Hollywood, con la visión estadounidense de la Historia. Hemos asumido a sus héroes y sus enemigos como los nuestros. No es que esto sea bueno ni malo, pero conviene recordar que es una visión parcial y, si ampliamos un poco el espectro, tendremos una visión más compleja y con muchos más matices.

Esa larguísima introducción viene a cuento porque, hoy, intentaré hablaros de una heroína soviética de la II Guerra Mundial, Lidiya Lilya Litvyak , una mujer de la no había oído hablar hasta hace unos días.

Esta semana, un conocido, compartió en Facebook una foto antigua de una chica muy joven con uniforme de piloto. Era Natalya Meklin, piloto de las fuerzas aéreas de la URSS durante la II Guerra Mundial. Esa foto despertó mi curiosidad y me hizo descubrir la alucinante historia de las aviadoras soviéticas durante la Gran Guerra Patriótica y, de entre todas ellas, la historia más sorprendente es la de Lilya Litvyak, la primera mujer As de la aviación mundial.

Lilya nació en Moscú el 18 de agosto de 1921 y su educación es un fiel reflejo del ideal soviético de la época, las mujeres han de emanciparse y ocupar su lugar en las actividades tradicionalmente desempeñadas por hombres. Así, siendo admiradora de la aviadora Marina Raskova, se une siendo aún muy niña al aeroclub local. Empezó a pilotar con 15 años y consiguió el título de instructora de vuelo con solamente 16.

Cuando los nazis invadieron la URSS en junio del 41, tuvo que falsificar su historial de horas de vuelo para poder alistarse en las fuerzas aéreas. Quedó encuadrada en uno de los tres regimientos femeninos que estaba formando la que había sido su ídolo de juventud, Marina Raskova. Pronto se hizo notar entre todas las reclutas, por su talento natural para pilotar pero también por su aspecto físico, tenía 19 años pero era muy menuda y no aparentaba más de 15 o 16, y por su carácter rebelde e indisciplinado. Ese comportamiento poco militar y extravagante acabaría siendo parte de su leyenda pero, en un primer momento, generó bastantes dudas entre sus superiores y sus compañeras sobre su capacidad para llegar a ser piloto de combate. Así, durante su periodo de instrucción, se convirtió en una verdadera pesadilla para Nina Ivakina, la oficial política que se encargaba de vigilar la idoneidad ideológica de las reclutas. Entre las faltas de Lilya en esta época se cuentan que, se negó a que le cortaran su melena rizosa al comienzo de la instrucción y, más tarde, se blanqueó el pelo; bastante más grave fue abandonar sin permiso su acuartelamiento para ir a bailar con soldados de otra unidad, por esta escapada tuvo que presentarse ante un tribunal militar y, para asombro de Ivakina, no pidió disculpas ni dijo sentir remordimiento alguno por su acción. Esta representante del Partido llegó a definirla en tres palabras: “Ostentosa, coqueta, aviadora“.

Igualmente negativa fue la primera impresión que causó a la que acabaría siendo su mecánica, Inna Paspotnikova. Una noche, Lilya, descosió el forro de piel de las botas de su uniforme de invierno y, con ese retal de piel, se hizo un llamativo cuello para su mono de vuelo. A la mañana siguiente se ganó una dura reprimenda de la comandante del regimiento, que la obligó a volver a coser la piel en su sitio. Paspotnikova pensó que cómo iba ser posible ganar la guerra con aquellas chiquillas que sólo se preocupaban por la apariencia de su uniforme.

Contra todo pronóstico, aquella chica de aspecto infantil y carácter indisciplinado, acabó convirtiéndose en la mejor piloto de caza de la historia de la aviación. Tras pasar casi todo 1942 en la zona de Sarátov, realizando misiones de escolta y patrulla relativamente sencillas, en septiembre es traslada, junto con sus compañeras más aventajadas, a un regimiento masculino estacionado en los alrededores de Estalingrado. Las cuantiosas bajas que ocasionaba la Luftwaffe entre los pilotos soviéticos acabaron por disipar las últimas suspicacias por emplear mujeres en unidades de combate. Allí forjará su leyenda, luchando en una de las batallas más duras de toda la guerra contra la fuerza aérea más poderosa de su época.

En su segunda misión sobre Estalingrado consigue derribar un bombardero JU88 y, poco más tarde, un caza BF109 pilotado por Erwin Maier, un As alemán condecorado en varias ocasiones con la Cruz de Hierro, que logró saltar en paracaídas y fue capturado. El prisionero pidió conocer al piloto que había lo había conseguido derribar, cuando le presentaron a una niña rubia con uniforme de vuelo Maier pensó que los soviéticos se burlaban de él, Lilya tuvo que explicarle por señas las maniobras que ambos habían hecho en el aire para que el alemán la creyese.

Es en esos meses finales del 42 cuando Litvyak se convierte en leyenda, combatiendo sobre la ciudad sitiada de Estalingrado. En diciembre es transferida a una unidad de élite y, en ambos lados del frente, empiezan a circular historias sobre ella hasta el punto que hoy resulta difícil distinguir su vida real de su leyenda. Se dice que en esa época mandó pintar un lirio blanco (Lilya significa “lirio” en ruso) en el fuselaje de su caza; esa flor blanca sería identificada, desde la distancia, por los pilotos alemanes como una rosa blanca y de ahí vendría el ápodo con el que pasó a la historia. Esto parece ser parte de lo legendario porque su avión era también usado por otros pilotos, de hecho, su mecánica Inna Paspotnikova tenía que dedicar muchas horas de trabajo acondicionando los mandos del caza a la baja estatura de Lilya cada vez que ésta volaba, por lo que resulta difícil pensar que pudiera personalizar de una forma tan evidente una aeronave que también era utilizada por otros pilotos. Más plausibles resultan otras anécdotas suyas también relacionadas con las flores, así, parece que solía llevar flores en la carlinga y, a veces, hacía una especie de ceremonia antes de algunas misiones arrojando flores, que ella misma recogía, sobre las alas de su avión.

En su corta carrera militar llegó a ser derribada en un par de ocasiones, en una de sus más famosas batallas aéreas se enfrentó a tres BF109, consiguió derribar a dos y el tercero la derribó a ella. Consiguió hacer un aterrizaje de emergencia y resultó herida de gravedad en una pierna. Para entonces ya se había convertido en una heroína para sus compatriotas y en un mito para sus enemigos.

Durante esos primeros meses de 1943 inicia una relación sentimental con otro piloto, Alexey Solomatin, no todos sus biógrafos se ponen de acuerdo sobre el alcance de esta relación pero, lo que está claro es que la muerte de Solomatin en un aterrizaje forzoso el 21 de mayo de ese año supuso un durísimo golpe para Lilya. Ella misma se lo confesó a su madre en una carta, donde se refiere a Solomatin como “mi amigo más íntimo“. Unas pocas semanas más tarde, en junio, la que moría en combate era Yekaterina Katya Budánova, otra de sus mejores amigas (y la otra mujer que consiguió alcanzar la consideración de As durante la II Guerra Mundial). Ambas muertes supusieron una tragedia para Lilya hasta el punto que, según testimonios de compañeros, le hizo comportarse de forma aún más agresiva en combate y perder su habitual carácter jovial y despreocupado en tierra.

El 1 de agosto de 1943, mientras realizaba una misión de escolta en plena Batalla del Kursk, el caza de la teniente Lilya Litvyak, no regresó a la base. Su compañero de escuadrón Ivan Borisenko declaró que había visto como el avión de Lilya se perdía entre las nubes en medio del combate, echaba humo e iba perseguido por dos cazas alemanes… Pero que no había visto el avión caer, ni abrirse ningún paracaídas. La Rosa Blanca tenía un final digno de su leyenda, desapareciendo entre las nubes para siempre sin llegar a cumplir 22 años.

yak_1b

Los restos de su Yak-1b no se encontraron nunca, siempre quedó la duda de si Lilya había muerto o, quizás, hubiera podido saltar en paracaídas y hubiera sido capturada por los alemanes. Esta incertidumbre sobre su desaparición es una de las causas de que, la mejor aviadora de la II Guerra Mundial, no recibiese en su momento los honores póstumos que merecía. Hay que recordar que el estalinismo fue un periodo especialmente paranoico a nivel político, los soldados soviéticos capturados por el enemigo eran considerados traidores y, sobre los desaparecidos en combate, se extendía la sospecha de que hubieran desertado. Por eso, cuando el comandante de su regimiento solicitó para ella la máxima condecoración de la URSS (ser considerada Heroína de la Unión Soviética), tal honor se le denegó. Es posible que Lilya hubiera sobrevivido a su tercer derribo y hubiese sido capturada, de ser así no sería extraño que no hubiese regresado a la URSS tras el final de la guerra, allí hubiera sido enviada una larga temporada a un campo de reeducación en el mejor de los casos, en el peor podría esperar una ejecución discreta a cargo de NKVD (nada improbable si tenemos en cuenta que, su padre, había sido uno de los desaparecidos en las purgas de los años 30)… Pero si hubiera sido capturada los nazis, éstos, hubieran explotado masivamente la baza propagandística que supondría el cautiverio de la mejor aviadora soviética. Lo más probable es que Lilya muriese el 1 de agosto de 1943.

Su mecánica y amiga, Inna Paspotnikova, se dedicó tras la guerra, durante 36 años, a buscar los restos de Lilya para despejar cualquier duda sobre su memoria. En 1979, logró dar con los restos de una aviadora en una fosa común en Ucrania, que fueron identificados como los de la teniente Lidiya Lilya Litvyak. En 1990 la Rosa Blanca de Estalingrado fue condecorada, a título póstumo, como Heroína de la Unión Soviética.

Desconozco si Herman Hesse llegó a oír hablar de Lilya alguna vez, pero estoy seguro que no tendría ni la más mínima duda en reconocerla como una de esas flores que crecen en medio del infierno.

Para conocer más datos sobre su historia, y también las de otras aviadoras soviéticas de la II Guerra Mundial, podéis consultar:

Cottam, Kazimiera J. (1998). Women in War and Resistance: Selected Biographies of Soviet Women Soldiers

Milanetti, Gian Piero (2011). Le Streghe della Notte: La storia non detta delle eroiche ragazze-pilota dell’Unione Sovietica nella Grande Guerra Patriottica

Yenne, Bill. The White Rose of Stalingrad: The Real Life Adventure of Lidiya Vladimirovna Litvyak, the Highest Scoring Female Air Ace of All Time

Fotos, en el orden que se han insertado: Lilya sobre el ala de su Yak-1b; Lilya, recogiendo lirios durante un permiso; Lilya, Katya Budánova y Masha Kuznetsov consultando un mapa; recreación artística del Yak-1b pilotado por Lilya en la primavera del 43.

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