Gramr: La Excalibur del Norte

Todos habéis oído hablar de Excalibur y cómo llegó ésta a manos de Arturo. Puede que la historia de otra espada, llamada Gramr, no os sea tan familiar pese a que guarde muchos paralelismos con la de la leyenda artúrica. Su historia es muy interesante y se narra en la Saga de los Volsungos, narración en la que entra de mano del mismísimo Odín…

“En medio del salón del rey Völsung crecía un un roble gigantesco llamado Barnstokkr, podría decirse que el árbol albergaba el salón y no al contrario. En dicho salón y entorno a ese roble se celebraba el matrimonio de Signi, hija de Völsung, con el rey de Gothaland, Siggeir. Durante el banquete, bien entrada la noche, apareció entre los invitados un viejo con aspecto de mendigo, era muy alto y su capa estaba raída y sucia, sus pies descalzos y cabeza cubierta con un gran sombrero. Nadie parecía reconocerlo pese a que su rostro era muy particular y le faltaba un ojo. El viejo se acercó al tronco del roble y, de entre sus ropajes, sacó una maravillosa espada como no había visto nunca ninguno de los invitados.

-Éste es el presente que os ofrezco-. Dijo manteniendo la espada a la vista de todos, por encima de su cabeza, la hoja refulgía con la luz de los fuegos del salón y parecía como si hubiera serpientes dentro de ella.- El que sea digno de empuñarla, que la tome y se convertirá en su dueño.

No acabó de pronunciar estas palabras cuando, como un relámpago, descargó la espada contra el roble y la clavó en su tronco hasta la empuñadura. El anciano se hizo a un lado y todos los invitados quisieron ir a por la espada. En medio de la confusión, el viejo desconocido desapareció como había llegado pero, a decir verdad, nadie lo hecho de menos porque todos habían sido hipnotizados por la belleza de la espada. Todos intentaron extraer aquella maravillosa arma del tronco, pero nadie lo consiguió… Hasta que el hijo pequeño de Völsung, Sigmund, lo intentó. En cuanto la mano del muchacho se cerró sobre la empuñadura de la espada, ésta se dejó sacar de la madera sin esfuerzo. Todos quedaron maravillados de nuevo ante la belleza de la hoja y ante el prodigio de que hubiera sido extraída de la madera por aquel muchacho.

Siggeir deseaba, a toda costa, hacerse con la espada y le ofreció a Sigmund tres veces su peso en oro a cambio de ella… Pero el muchacho le respondió:

-La espada ha estado en el tronco a tu disposición, lo mismo que yo la extraje pudiste extraerla tú si tan grande era tu deseo de poseerla… No te la cedería ni por todo el oro de Gothaland.

Las palabras de Sigmund hirieron gravemente el honor de su cuñado, Siggeir, y acabarían por marcar el destino de ambos.”

Ilustración”: “Gramr” © Vítor González 2019