Contando Urracas

En el folklore quedan fosilizados muchos retazos de saberes antiguos, difíciles de datar y de interpretar, pero perfectamente reconocibles si nos molestamos en buscarlos. Uno de mis preferidos es una cancioncilla infantil inglesa titulada One For Sorrow (una, una pena), los versos de la canción van contando urracas y, por cada número de ellas, da un vaticinio. Para nosotros hoy sólo es una rima infantil, una canción para acompañar el juego de los niños pero, en realidad, One For Sorrow nos recuerda que, en la vieja Europa pagana, se interpretaba el futuro observando el comportamiento de las aves.

One for sorrow,
Two for joy,
Three for a girl,
Four for a boy,
Five for silver,
Six for gold,
Seven for a secret,
Never to be told,
Eight for a wish,
Nine for a kiss,
Ten for a bird,
You must not miss.

Ésta es una de las versiones de la letra de la canción, pero existen (mejor sería decir existían) múltiples variantes locales a lo largo y ancho de Inglaterra. En 1980, la cadena de televisión británica ITV, produjo un programa infantil llamado Magpie que usó esta versión como sintonía y, su popularidad, eclipsó y borró de la memoria colectiva esas otras letras alternativas… Pero llevan recopilándose distintas rimas de One For Sorrow desde el siglo XVII.

No es casualidad que la canción hable de urracas, la relación de los córvidos con la mitología celtogermánica es muy amplia e intensa en lo que se refiere a la predicción del futuro. Supongo que el hecho que sean aves sociales, con hábitos similares a los humanos, hace que las tengamos por más inteligentes que otras especies de pájaros. El hecho es que, tanto Odín como Lugh, se sirven de dos cuervos para estar al tanto de todo lo que sucede. Las Morrigu irlandesas y la nórdica Skadi (Skata es el nombre de la urraca en nórdico) también son otras deidades íntimamente relacionadas con los córvidos. A nosotros, nos han llegado ecos de esa tradición, retazos de la creencia de que hay aves que pueden predecir nuestro futuro: el graznar de cuervos o urracas suele ser tomado como presagio de muerte en muchas regiones de Europa; en Poitou (Francia), se creía que el graznar de las urracas avisaba de la cercanía de una manada de lobos; incluso, en Asturies, un cuervo graznando sobre una peña puede indicar la existencia de un tesoro enterrado por los míticos moros…

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Hoy conocemos esa canción infantil inglesa, que nos dice que es un mal augurio cruzarse con una urraca solitaria (de hecho, hay una fórmula para conjurar ese peligro, que consiste en desearle buenos días y preguntarle por su familia), pero cruzarse con varias puede predecirnos hechos más felices… Y lo más curioso es que, esa creencia, no se circunscribe únicamente a Inglaterra, también la encontramos en Alemania y, también, en Asturies. Así, Alberto Álvarez-Peña, documentó en Colunga una versión asturiana de la cancioncilla inglesa:

Una un disgustu,

Dos un pesar,

Tres un nacimientu,

Cuatru una alegría,

Cincu un casamientu. (2)

Ilustración de cabecera © Björn Bergman

(1) Twilight Dreamer © Ingrid Houwers

(2) Alberto Álvarez-Peña Animales Míticos d’Asturies 2003

La Rosa Blanca de Estalingrado

Dado que el mundo está tan lleno de muerte y horror, intento una y otra vez consolar mi corazón y recoger las flores que crecen en medio del infierno“.

Herman Hesse

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Hoy me desvío completamente de la temática del blog, permitidme esa licencia.

Cada vez que echamos la vista hacia el pasado encontramos historias de gente corriente que, en unas circunstancias dramáticas, se convierten en personajes extraordinarios (otras muchas se transforman en seres despreciables, es cierto). Pero todos esos personajes, los extraordinarios y los despreciables, suelen ser víctimas del olvido con inusitada rapidez. Supongo que, en gran medida, eso es debido a quién nos cuenta la Historia y cómo nos la cuenta… Y con esto no me estoy refiriendo al ámbito académico sino a la cultura popular. Creo que las fuentes principales de conocimiento histórico de la mayoría de nosotros son el cine, la televisión, la literatura… Hemos aprendido a ver el pasado con la mirada de Hollywood, con la visión estadounidense de la Historia. Hemos asumido a sus héroes y sus enemigos como los nuestros. No es que esto sea bueno ni malo, pero conviene recordar que es una visión parcial y, si ampliamos un poco el espectro, tendremos una visión más compleja y con muchos más matices.

Esa larguísima introducción viene a cuento porque, hoy, intentaré hablaros de una heroína soviética de la II Guerra Mundial, Lidiya Lilya Litvyak , una mujer de la no había oído hablar hasta hace unos días.

Esta semana, un conocido, compartió en Facebook una foto antigua de una chica muy joven con uniforme de piloto. Era Natalya Meklin, piloto de las fuerzas aéreas de la URSS durante la II Guerra Mundial. Esa foto despertó mi curiosidad y me hizo descubrir la alucinante historia de las aviadoras soviéticas durante la Gran Guerra Patriótica y, de entre todas ellas, la historia más sorprendente es la de Lilya Litvyak, la primera mujer As de la aviación mundial.

Lilya nació en Moscú el 18 de agosto de 1921 y su educación es un fiel reflejo del ideal soviético de la época, las mujeres han de emanciparse y ocupar su lugar en las actividades tradicionalmente desempeñadas por hombres. Así, siendo admiradora de la aviadora Marina Raskova, se une siendo aún muy niña al aeroclub local. Empezó a pilotar con 15 años y consiguió el título de instructora de vuelo con solamente 16.

Cuando los nazis invadieron la URSS en junio del 41, tuvo que falsificar su historial de horas de vuelo para poder alistarse en las fuerzas aéreas. Quedó encuadrada en uno de los tres regimientos femeninos que estaba formando la que había sido su ídolo de juventud, Marina Raskova. Pronto se hizo notar entre todas las reclutas, por su talento natural para pilotar pero también por su aspecto físico, tenía 19 años pero era muy menuda y no aparentaba más de 15 o 16, y por su carácter rebelde e indisciplinado. Ese comportamiento poco militar y extravagante acabaría siendo parte de su leyenda pero, en un primer momento, generó bastantes dudas entre sus superiores y sus compañeras sobre su capacidad para llegar a ser piloto de combate. Así, durante su periodo de instrucción, se convirtió en una verdadera pesadilla para Nina Ivakina, la oficial política que se encargaba de vigilar la idoneidad ideológica de las reclutas. Entre las faltas de Lilya en esta época se cuentan que, se negó a que le cortaran su melena rizosa al comienzo de la instrucción y, más tarde, se blanqueó el pelo; bastante más grave fue abandonar sin permiso su acuartelamiento para ir a bailar con soldados de otra unidad, por esta escapada tuvo que presentarse ante un tribunal militar y, para asombro de Ivakina, no pidió disculpas ni dijo sentir remordimiento alguno por su acción. Esta representante del Partido llegó a definirla en tres palabras: “Ostentosa, coqueta, aviadora“.

Igualmente negativa fue la primera impresión que causó a la que acabaría siendo su mecánica, Inna Paspotnikova. Una noche, Lilya, descosió el forro de piel de las botas de su uniforme de invierno y, con ese retal de piel, se hizo un llamativo cuello para su mono de vuelo. A la mañana siguiente se ganó una dura reprimenda de la comandante del regimiento, que la obligó a volver a coser la piel en su sitio. Paspotnikova pensó que cómo iba ser posible ganar la guerra con aquellas chiquillas que sólo se preocupaban por la apariencia de su uniforme.

Contra todo pronóstico, aquella chica de aspecto infantil y carácter indisciplinado, acabó convirtiéndose en la mejor piloto de caza de la historia de la aviación. Tras pasar casi todo 1942 en la zona de Sarátov, realizando misiones de escolta y patrulla relativamente sencillas, en septiembre es traslada, junto con sus compañeras más aventajadas, a un regimiento masculino estacionado en los alrededores de Estalingrado. Las cuantiosas bajas que ocasionaba la Luftwaffe entre los pilotos soviéticos acabaron por disipar las últimas suspicacias por emplear mujeres en unidades de combate. Allí forjará su leyenda, luchando en una de las batallas más duras de toda la guerra contra la fuerza aérea más poderosa de su época.

En su segunda misión sobre Estalingrado consigue derribar un bombardero JU88 y, poco más tarde, un caza BF109 pilotado por Erwin Maier, un As alemán condecorado en varias ocasiones con la Cruz de Hierro, que logró saltar en paracaídas y fue capturado. El prisionero pidió conocer al piloto que había lo había conseguido derribar, cuando le presentaron a una niña rubia con uniforme de vuelo Maier pensó que los soviéticos se burlaban de él, Lilya tuvo que explicarle por señas las maniobras que ambos habían hecho en el aire para que el alemán la creyese.

Es en esos meses finales del 42 cuando Litvyak se convierte en leyenda, combatiendo sobre la ciudad sitiada de Estalingrado. En diciembre es transferida a una unidad de élite y, en ambos lados del frente, empiezan a circular historias sobre ella hasta el punto que hoy resulta difícil distinguir su vida real de su leyenda. Se dice que en esa época mandó pintar un lirio blanco (Lilya significa “lirio” en ruso) en el fuselaje de su caza; esa flor blanca sería identificada, desde la distancia, por los pilotos alemanes como una rosa blanca y de ahí vendría el ápodo con el que pasó a la historia. Esto parece ser parte de lo legendario porque su avión era también usado por otros pilotos, de hecho, su mecánica Inna Paspotnikova tenía que dedicar muchas horas de trabajo acondicionando los mandos del caza a la baja estatura de Lilya cada vez que ésta volaba, por lo que resulta difícil pensar que pudiera personalizar de una forma tan evidente una aeronave que también era utilizada por otros pilotos. Más plausibles resultan otras anécdotas suyas también relacionadas con las flores, así, parece que solía llevar flores en la carlinga y, a veces, hacía una especie de ceremonia antes de algunas misiones arrojando flores, que ella misma recogía, sobre las alas de su avión.

En su corta carrera militar llegó a ser derribada en un par de ocasiones, en una de sus más famosas batallas aéreas se enfrentó a tres BF109, consiguió derribar a dos y el tercero la derribó a ella. Consiguió hacer un aterrizaje de emergencia y resultó herida de gravedad en una pierna. Para entonces ya se había convertido en una heroína para sus compatriotas y en un mito para sus enemigos.

Durante esos primeros meses de 1943 inicia una relación sentimental con otro piloto, Alexey Solomatin, no todos sus biógrafos se ponen de acuerdo sobre el alcance de esta relación pero, lo que está claro es que la muerte de Solomatin en un aterrizaje forzoso el 21 de mayo de ese año supuso un durísimo golpe para Lilya. Ella misma se lo confesó a su madre en una carta, donde se refiere a Solomatin como “mi amigo más íntimo“. Unas pocas semanas más tarde, en junio, la que moría en combate era Yekaterina Katya Budánova, otra de sus mejores amigas (y la otra mujer que consiguió alcanzar la consideración de As durante la II Guerra Mundial). Ambas muertes supusieron una tragedia para Lilya hasta el punto que, según testimonios de compañeros, le hizo comportarse de forma aún más agresiva en combate y perder su habitual carácter jovial y despreocupado en tierra.

El 1 de agosto de 1943, mientras realizaba una misión de escolta en plena Batalla del Kursk, el caza de la teniente Lilya Litvyak, no regresó a la base. Su compañero de escuadrón Ivan Borisenko declaró que había visto como el avión de Lilya se perdía entre las nubes en medio del combate, echaba humo e iba perseguido por dos cazas alemanes… Pero que no había visto el avión caer, ni abrirse ningún paracaídas. La Rosa Blanca tenía un final digno de su leyenda, desapareciendo entre las nubes para siempre sin llegar a cumplir 22 años.

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Los restos de su Yak-1b no se encontraron nunca, siempre quedó la duda de si Lilya había muerto o, quizás, hubiera podido saltar en paracaídas y hubiera sido capturada por los alemanes. Esta incertidumbre sobre su desaparición es una de las causas de que, la mejor aviadora de la II Guerra Mundial, no recibiese en su momento los honores póstumos que merecía. Hay que recordar que el estalinismo fue un periodo especialmente paranoico a nivel político, los soldados soviéticos capturados por el enemigo eran considerados traidores y, sobre los desaparecidos en combate, se extendía la sospecha de que hubieran desertado. Por eso, cuando el comandante de su regimiento solicitó para ella la máxima condecoración de la URSS (ser considerada Heroína de la Unión Soviética), tal honor se le denegó. Es posible que Lilya hubiera sobrevivido a su tercer derribo y hubiese sido capturada, de ser así no sería extraño que no hubiese regresado a la URSS tras el final de la guerra, allí hubiera sido enviada una larga temporada a un campo de reeducación en el mejor de los casos, en el peor podría esperar una ejecución discreta a cargo de NKVD (nada improbable si tenemos en cuenta que, su padre, había sido uno de los desaparecidos en las purgas de los años 30)… Pero si hubiera sido capturada los nazis, éstos, hubieran explotado masivamente la baza propagandística que supondría el cautiverio de la mejor aviadora soviética. Lo más probable es que Lilya muriese el 1 de agosto de 1943.

Su mecánica y amiga, Inna Paspotnikova, se dedicó tras la guerra, durante 36 años, a buscar los restos de Lilya para despejar cualquier duda sobre su memoria. En 1979, logró dar con los restos de una aviadora en una fosa común en Ucrania, que fueron identificados como los de la teniente Lidiya Lilya Litvyak. En 1990 la Rosa Blanca de Estalingrado fue condecorada, a título póstumo, como Heroína de la Unión Soviética.

Desconozco si Herman Hesse llegó a oír hablar de Lilya alguna vez, pero estoy seguro que no tendría ni la más mínima duda en reconocerla como una de esas flores que crecen en medio del infierno.

Para conocer más datos sobre su historia, y también las de otras aviadoras soviéticas de la II Guerra Mundial, podéis consultar:

Cottam, Kazimiera J. (1998). Women in War and Resistance: Selected Biographies of Soviet Women Soldiers

Milanetti, Gian Piero (2011). Le Streghe della Notte: La storia non detta delle eroiche ragazze-pilota dell’Unione Sovietica nella Grande Guerra Patriottica

Yenne, Bill. The White Rose of Stalingrad: The Real Life Adventure of Lidiya Vladimirovna Litvyak, the Highest Scoring Female Air Ace of All Time

Fotos, en el orden que se han insertado: Lilya sobre el ala de su Yak-1b; Lilya, recogiendo lirios durante un permiso; Lilya, Katya Budánova y Masha Kuznetsov consultando un mapa; recreación artística del Yak-1b pilotado por Lilya en la primavera del 43.

Nadie se acuerda de Ende

Hace pocas semanas, las secciones de cultura de decenas de medios digitales se hicieron eco de un estudio que confirmaba que las mujeres también habían iluminado libros en la Edad Media. Los restos, de azul ultramar o lapislázuli, que se encontraron en el sarro de la dentadura de una mujer del siglo XI parecían confirmar que, dicha mujer, había sido iluminadora en un monasterio alemán y afinaba las cerdas de su pincel con los dientes (podéis leer la noticia aquí). Seguro que todos habéis leído o, al menos, visto esta noticia en vuestras redes sociales… Se ha convertido en algo casi viral.

El estudio es impresionante y no hay nada que objetarle, pero el tratamiento de la noticia me deja un regusto amargo (puede que el azul ultramar sepa así). La investigación se realizó en el Instituto Max Plank de Alemania y fue publicado, originalmente, por la revista Science Advances y se han publicado reseñas sobre él en centenares de medios, muchos de ellos españoles. La noticia no es para menos ¡Una mujer iluminando textos sagrados! ¡En plena Edad Media!…

Entre todos esos medios que se hacen eco de la gran noticia, ni los extranjeros ni los españoles, han dedicado ni una línea para recordar a la buena de Ende. La Historia es muchas veces injusta, pero el periodismo del siglo XXI es cruel y carece de memoria. En el año 975 se concluyó una magna obra de arte, un Beato iluminado, seguramente en el monasterio de Tábara (Zamora), un siglo más tarde fue donado a la catedral de Girona y, por eso, hoy lo conocemos como Beato de Girona. Esa obra maestra de la iluminación medieval fue firmada por sus autores, se realizó gracias al patrocinio del Abad Dominicus y fue iluminado por Emeterius, “monje y sacerdote“, y por Ende, “pintora y sierva de dios“.

Más de mil años más tarde, casi todos los periódicos españoles, nos informaron del gran descubrimiento realizado al analizar el sarro de la dentadura de una monja alemana sin nombre… Pero nadie recuerda a la pobre monja zamorana Ende.

Thiess de Kaltenbrun: el Sabueso de Dios

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Si Álex de la Iglesia conociese esta historia la convertiría en una película, al menos eso creo yo. El caso de licantropía del sueco Thiess de Kaltenbrun es uno de los más curiosos de la historia, aúna elementos muy cinematográficos (de terror de serie B de los 50) con un drama judicial y, lo mejor de todo, es un hecho totalmente real.

En 1691 un ya muy anciano Thiess fue llamado a juicio en calidad de testigo, se había producido un robo en la iglesia local y se creía que él podía haber visto algo. En el pueblo existía la creencia de que el viejo podía transformarse en lobo pero, en un principio, el tribunal no estaba interesado en esas circunstancias. El viejo, consciente de lo que sus vecinos pensaban de él, admitió libremente durante el juicio que él había sido un wahrwolff (hombre-lobo) pero que ya llevaba más de 10 años sin abandonar la apariencia humana. A continuación, desgranó el más fantástico relato de licantropía que se haya narrado nunca.

Thiess ya había acudido a los tribunales 10 años antes, para acusar a un granjero local de haberle roto la nariz. Según había declarado entonces había descendido al infierno transformado en lobo, allí, se enfrentó al granjero que era un brujo que servía al demonio y, en el transcurso de la lucha, el granjero le había roto la nariz con un cayado decorado con crines de caballo. El juez del caso desestimó la acusación y tomó las declaraciones de Thiess como los desvaríos de un viejo. Ahora, en 1691, los jueces de tomarían un poco más en serio su historia. Tres noches al año (Pentecostés, San Juan y Santa Lucía) él y otros como él se transformaban en lobos, robaban algunas reses de las granjas locales y las devoraban. A continuación ponían rumbo al infierno, que era una isla al otro lado del mar y allí combatían al demonio y a sus servidoras las brujas y esto lo hacían porque ellos detestaban al demonio y eran los sabuesos de dios. Del resultado de esas batallas entre brujas y licántropos dependía la cosecha del año, si los lobos eran derrotados por los servidores del demonio el pueblo pasaría hambre y penurias, debían de recuperar además cuanto pudiesen del grano y el ganado robado por las brujas y devolverlo al mundo de los hombres.

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La capacidad de transformarse en lobo la había adquirido en su juventud siendo vagabundo, un compañero había brindado con él pronunciando un conjuro que le había convertido en licántropo. Thiess admitió en el juicio que él podía traspasar esa capacidad también a otros usando el mismo método: expirar tres veces sobre la jarra de bebida y brindar diciendo tú serás como yo, si la otra persona bebía de esa jarra se convertiría en hombrelobo. Pero él afirmó no haber traspasado esa capacidad a nadie.

A las preguntas de los jueces de si era devoto luterano y acudía con regularidad a la iglesia, admitió que no iba a misa porque era demasiado anciano para entender aquellos ritos. Durante el juicio también se demostró que, además de sus correrías lobunas nocturnas, Thiess era sanador y conocía conjuros para bendecir el ganado y el grano, evitar los ataques de lobo y parar las hemorragias. Pese a haber admitido en el tribunal que había sido licántropo, fueron sus conjuros  y no sus transformaciones lo que le hicieron ser condenado a flagelación y destierro. Los jueces estimaron que en sus encantamientos no se invocaba ni se pedía la intermediación de dios en ningún momento, por lo tanto eran de naturaleza criminal y maligna porque alentaban a los clientes de Thiess a alejarse del cristanismo.

(1) El Ataque del Hombre-Lobo de Lucas Cranach, 1512

(2) Les Lupins de Maurice Sand, 1858

Douglas: Un Escocés en la Reconquista

OK_00788.CR2Uno de los personajes principales de Outlaw King está muy relacionado con España, además es un viejo conocido de este blog, os estoy hablando de James Douglas el Negro. La película da un retrato bastante aproximado de su personalidad aunque, a priori, pueda parecernos de los personajes en los que los guionistas han dejado volar sus plumas más libremente. Sin embargo las pinceladas que vemos de la vida de Douglas en dicha película se basan en hechos reales.

Su padre Sir William Douglas fue el primer noble que se unió a la causa de William Wallace y, debido a ello, fue hecho prisionero por los ingleses y murió en prisión en Londres en 1298, además, sus posesiones en Escocia fueron confiscadas y entregadas a Robert Clifford. En Outlaw King vemos como James Douglas se presenta ante el mismísimo rey Eduardo I para solicitarle la devolución del feudo de su padre, es un hecho verídico que hizo encolarizarse con él al rey inglés…

Después de este encuentro el joven Douglas se convierte en poco más que un vagabundo, sin feudo ni señor al que servir. La película vuelve a plasmar fielmente su encuentro con Robert The Bruce: tras haber asesinado a John ComynRobert reclamó para sí la corona escocesa y comienza los preparativos para su coronación en Scone; cuando su comitiva va camino de Glasgow, se cruzan con el joven Douglas que avanza sólo en un caballo prestado y allí mismo le jura fidelidad al que será nuevo rey de Escocia. Junto a él sufrirá los primeros y duros reveses de la rebelión, la derrota en Mehtven a manos de Aymer de Valence y la no menos dolorosa derrota en la batalla de Dalrigh, esta vez a manos del clan MacDougall de Argyll. Ambas derrotas son narradas también en la película y, aunque se nos las presenta como hechos casi consecutivos, en la realidad transcurrieron varios meses entre ambas, pero la presión conjunta ejercida por sus enemigos ingleses y escoceses estuvo apunto de dar al traste con la rebelión en un primer momento. Esos duros reveses contribuyeron a cimentar una sólida relación personal entre Douglas y Robert.

El mote de El Negro se lo pusieron los ingleses, debido al terror que provocaban sus audaces incursiones tras las líneas enemigas. Otro episodio de su vida que se narra en Outlaw King, y que también es verídico pese a que resulte casi novelesco, es la toma del castillo que fuera de su padre durante el Domingo de Ramos de 1308. Douglas y un pequeño de grupo de seguidores se infiltraron en la vieja fortaleza familiar gracias a la ayuda de Thomas Dickson, un granjero que había sido vasallo de su familia. Cuando las tropas inglesas acudieron a la iglesia local para celebrar el Domingo de Ramos, fueron masacrados por los hombres de Douglas y sus antiguos vasallos al grito de “¡Douglas! ¡Douglas!”. Los ingleses que se rindieron no corrieron mejor suerte, todos fueron decapitados y quemados en una gran pira en el mismo castillo, cuyas despensas fueron saqueadas y sus pozos envenenados.

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Hasta ahí el Douglas cinematográfico pero, lo que no es tan conocido es que, este caballero escocés murió en Málaga durante la batalla del Castillo de Teba. Bruce, en su lecho de muerte, le arrancó la promesa de que  se encargaría de llevar su corazón embalsamado en peregrinación a Tierra Santa. Estando de camino en Flandes recibió la noticia de que Alfonso XI de Castilla preparaba una campaña contra el Reino de Granada y, Douglas y su comitiva, navegaron hasta Sevilla para poner sus fuerzas al servicio del monarca castellano. Parece que en el trascurso de la batalla, el contigente escocés, se vio rodeado por una fuerza enemiga muy superior y fue barrido del campo. Sin embargo, la leyenda sobre este suceso cuenta que, la caballería escocesa iba en vanguardia del ataque castellano e hizo retirarse al enemigo, cuando los escoceses trataban de dar caza a los moros que huían se encontraron con un contraataque de los musulmanes y muy lejos del resto de tropas cristianas. Douglas corrió para socorrer a William St Clair de Rosslyn, pero ambos acabaron rodeados por el enemigo. Viéndose perdido Douglas se arrancó el relicario con el corazón del rey y lo arrojó entre el enemigo gritando “Now pass thou onward as thou wert wont, and Douglas will follow thee or die.”(2) Y efectivamente lo siguieron cargando a la desesperada y encontrando la muerte bajo las murallas del Castillo de las Estrellas de Teba la mayoría del contigente escocés.

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Cuando sus restos y el corazón de Bruce fueron recuperados del campo fueron devueltos a escocia por Sir Willian Keith de Galston, que no había podido participar en la batalla por tener un brazo roto. La muerte de Douglas fue tan novelesca como el resto de su vida e incluso fue inmortalizada por Sir Walter Scott en Tales of a Grandfather. Hace tres meses hubo cierto revuelo mediático, del que nos hicimos bastante eco en este blog, alrededor de una posible lápida funeraria de James Douglas, que estaría depositada en el Museo de Álora (posibilidad con la que fuimos muy escépticos y de la que aún esperamos el veredicto de un perito geólogo, consultad los archivos del blog para conocer la pieza en cuestión)

Imagen principal: Aaron Taylor-Johnson caracterizado como James Douglas en la película Outlaw King (Netflix 2018)

(1) Memorial levantado en la Plaza de España de Teba (Málaga) en honor de James Douglas 

(2) “Ahora muéstranos el camino, ya que venciste, y Douglas te seguirá o morirá” 

(3) presunta lápida funeraria de Douglas que puede verse en el Museo de Álora

 

El Rey Proscrito: El Argumento (I)

La semana pasada Netflix estrenaba Outlaw King, biopic histórico sobre la rebelión encabezada por Robert the Bruce, rey de los escoceses, protagonizado por Chris Pine y dirigido por David MacKenzie. La película narra los hechos acaecidos desde el fracaso de la rebelión de William Wallace, hasta la primera victoria militar significativa de Bruce sobre los invasores ingleses, en la batalla de Loudon Hill (1307).

Quizás, los 121 minutos de metraje resultan insuficientes, para adentrarse en en un período tan políticamente complejo y con tantos personajes implicados en la trama. Yo me he quedado con esa impresión. La historia bien daría, al menos, para una miniserie de dos o tres capítulos, para poder explotar toda esa pléyade de personajes secundarios que se quedan a medio esbozar en este largometraje y que, a buen seguro, podrían aportar más enjundia a la historia… Pero ¿Quién soy yo para juzgar esta obra desde un punto de vista cinematográfico? Nadie. Hay muchos críticos de cine que pueden escribir esa reseña mejor que yo, así que, les dejaremos esa labor a ellos y yo me limitaré a comentaros los aspectos históricos de la peli porque, esta vez sí, estamos ante un film ambientado en la Edad Media que sí respeta (casi escrupulosamente) la verdadera historia que narra y el período en el que transcurre y, eso, es toda una novedad. Casi todo el mundo está haciendo la comparación, Braveheart vs Outlaw King, algo bastante lógico si entendemos la segunda como una continuación de la primera, habida cuenta de la historia que narran ambas. Desmenucemos la rey proscrito desde el punto de vista histórico

El Vestuario

Nuestros amigos recreadores están de enhorabuena, al menos no se van a enfadar tanto como de costumbre… En Outlaw King ni vamos a encontrar los caballeros enfundados en brillantes armaduras de la Excalibur de John Boorman, ni las vestiduras de cuero propias de Mad Max que solemos ver en Vikingos, ni siquiera los vistosos kilts que lucía el viejo Mel en Braveheart… El vestuario no chirría con la época que recrea, los caballeros visten cota de malla, gambesones y yelmos simples. Si debemos poner un pero sobre este equipamiento militar deberíamos apuntar a que su abundancia es excesiva: es lo adecuado para la época pero era muy caro, no todos los soldados podían disponer de cota de malla y yelmo.  Por motivos narrativos, este tipo de películas, suele uniformar a los ejércitos enemigos para distinguirlos en las escenas de batalla y, en la realidad, la infantería escocesa y la inglesa apenas se distinguirían, aquí también se usa ese recurso pero no de forma tan evidente como en otras ocasiones… Y no busquéis caras pintadas de azul, no las hay.

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La Historia

Outlaw King es muy respetuosa con la verdadera historia de Bruce pero distorsiona un poco los tiempos por motivos narrativos, como ya apuntaba más arriba quizás debido a un metraje demasiado comprimido, presenta como hechos consecutivos sucesos que en realidad se dieron en el espacio de meses o años. La película se inicia en 1304, cuando Robert ya llevaba 2 años casado con su segunda esposa Elizabeth de Burgh, la captura de la reina y su cautiverio en manos inglesas es representado bastante fielmente pero no su liberación, en la película parece ser una consecuencia de la victoria escocesa en Loudon Hill pero, en realidad, el final de su cautiverio y la independencia de Escocia tuvieron que esperar hasta después de la Batalla de Bannockburn 7 años más tarde que la batalla final de la película. Los ingleses trataron duramente a la esposa de Robert, pero a las que colgaron de una jaula de madera fue a su hermana María Bruce y a Isabella MacDuff (la que corona a Robert como Rey de Escocia en Scone en marzo de 1306). Hay que señalar también que, a Elizabeth, la rebelión le parecía una locura propia de niños.

El comienzo de la rebelión resulta desastroso  y, al principio, se suceden las contundentes derrotas a manos de sus enemigos ingleses comandados por Aymer de Valence y de sus adversarios escoceses, los MacDougall y los Comyn. En la película vemos la batalla de Methven, donde el Conde de Pembroke, Aymer de Valence, arrasa al ejército de un Robert demasiado fiel al código de la caballería (la batalla real también sucedió así, un ataque por sorpresa sobre el campamento escocés que diezmó las tropas de Bruce). A continuación los supervivientes vuelven a ser vencidos por los MacDougall, pero en la realidad transcurren meses entre ambas derrotas. Los partidarios de Bruce huyen en desbandada, el propio rey se refugia en el norte donde será protegido por Christina of the Isles (en la película es acogido por la familia de Angus, uno de los lugartenientes del Bruce cinematográfico). La reina, la hija del primer matrimonio de Robert y sus hermanas también han de huir protegidas por Nigel Bruce y son acogidas por el Conde de Atholl en Kildrummy, pero serán capturadas por los ingleses en Tain y el hermano del rey será ejecutado del modo que vemos en la película.

Tras pasar el invierno refugiados en las islas Bruce y sus seguidores retornan a Escocia en la primavera de 1307, para iniciar una guerra de guerrillas, atacan y destruyen pequeñas fortificaciones en manos inglesas que ni siquiera pueden ocupar por falta de efectivos. Así, en la película, vemos como Douglas se ingiltra en el castillo de su familia para aniquilar a la guarnición inglesa que lo ocupa durante el domingo de Ramos, a priori parece una de las escenas más novelescas de la película, pero esa escena narra un hecho real: los ingleses fueron asesinados en plena misa y luego, los hombres de Douglas, quemaron su propio castillo.

La película culmina con la Batalla de Loudon Hill y, aquí, es donde los guionistas han dejado volar más su imaginación. Es cierto que es el primer gran enfrentamiento en campo abierto tras una campaña de guerrillas, pero ningún historiador la considera una batalla decisiva en la guerra (que como ya hemos dicho se prolonga 7 años más y culmina en la Batalla de Bannockburn en 1314). Sí es cierto que Eduardo I Longshanks, rey de Inglaterra, muere confuciendo su ejército al norte (probablemente de disentería). También es real el uso de las schiltron (largas lanzas de madera) para rechazar las cargas de la caballería pesada inglesa (el uso de este arma ya se había plasmado en Braveheart). Sin embargo, no es cierto que Eduardo II comándase al ejército inglés ni que cruzase espada con Robert the Bruce, de hecho, ni estuvo en dicha batalla, los ingleses en Loudon Hill volvieron a estar bajo las órdenes de Aymer de Valence conde de Pembroke.

Hasta ahí llega lo narrado por Outlaw King, se me antoja que ha quedado mucha historia que contar, los 7 años que aún tardarán los escoceses en alcanzar su independencia dan perfectamente para una secuela (¿Se han dejado los guionistas a propósito esa podposibilidad?).

En la próxima entrega del blog os hablaré, un poco, de cada uno de los personajes de la película y del trasfondo histórico de cada uno de ellos.

Aplique de Plata Vikingo del Siglo IX

Hoy, os traigo una anécdota personal que me ha hecho recordar la célebre máxima de Óscar Wilde: la vida imita al arte. Después de muchos meses sin hacerlo, me he metido en Ebay a ojear antigüedades, nunca se sabe qué se puede encontrar uno en ese mercado persa, a veces gangas, a veces buenas reproducciones a precios exorbitantes y, otras veces, falsificaciones absurdas… aunque yo me limito a usar esa plataforma para comprar casi exclusivamente libros, reconozco que me gusta perder el tiempo buscando esas piezas escandalosamente falsas (todos tenemos nuestros vicios). Esta tarde encontré este aplique de plata vikingo que ha hecho que me ría un buen rato.

Un bonito dragón, que según el vendedor representa al mítico Fafnir, que él data como del siglo IX y por el que pide 380£. Os estaréis preguntando que dónde está la puñetera gracia del asunto. La gracia está en que yo, hace unos 6 años, empecé a intentar hacer ilustraciones usando los estilos del arte nórdico, llevaba mucho tiempo dibujando arte celta pero los estilos vikingos se me resistían. Fue una temporada de hacer muchos bocetos (la mayoría de ellos acabó en la papelera) y de estrujarme bastante las meninges, intentando familiarizarme con las reglas de esos estilos (que son anárquicos si los comparamos con el arte celta, donde todo es geométricamente claro). Uno de mis primeros diseños que no acabo en la papelera fue este pequeño dragón, que dibujé sobre una lámina de pizarra con rotuladores Posca.

¿Veis el parecido? Seguro que sí. Cuando encontré, en Ebay, el aplique de plata del siglo IX una sonrisa burlona se dibujó en mi cara…

La verdad es que nunca había estado muy orgulloso de ese pequeño dragón, era un paso en la dirección correcta pero aún me quedaba mucho camino por recorrer. Sin embargo, algún avispado timador, supuso que era lo suficientemente bueno como para hacerlo pasar por una auténtica antigüedad vikinga valorada en 380£ más gastos de envío… O, quizás, yo viajé astralmente 1200 años hacia atrás en el tiempo, para copiarle ese dragón a algún joyero vikingo con limitado talento para el dibujo. El caso es que le mandé un email al vendedor, para pedirle información adicional sobre la pieza y, ahora, la ha retirado de la venta. Me tendré que quedar con la duda de saber si él es un timador o yo puedo viajar en el tiempo.