Thiess de Kaltenbrun: el Sabueso de Dios

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Si Álex de la Iglesia conociese esta historia la convertiría en una película, al menos eso creo yo. El caso de licantropía del sueco Thiess de Kaltenbrun es uno de los más curiosos de la historia, aúna elementos muy cinematográficos (de terror de serie B de los 50) con un drama judicial y, lo mejor de todo, es un hecho totalmente real.

En 1691 un ya muy anciano Thiess fue llamado a juicio en calidad de testigo, se había producido un robo en la iglesia local y se creía que él podía haber visto algo. En el pueblo existía la creencia de que el viejo podía transformarse en lobo pero, en un principio, el tribunal no estaba interesado en esas circunstancias. El viejo, consciente de lo que sus vecinos pensaban de él, admitió libremente durante el juicio que él había sido un wahrwolff (hombre-lobo) pero que ya llevaba más de 10 años sin abandonar la apariencia humana. A continuación, desgranó el más fantástico relato de licantropía que se haya narrado nunca.

Thiess ya había acudido a los tribunales 10 años antes, para acusar a un granjero local de haberle roto la nariz. Según había declarado entonces había descendido al infierno transformado en lobo, allí, se enfrentó al granjero que era un brujo que servía al demonio y, en el transcurso de la lucha, el granjero le había roto la nariz con un cayado decorado con crines de caballo. El juez del caso desestimó la acusación y tomó las declaraciones de Thiess como los desvaríos de un viejo. Ahora, en 1691, los jueces de tomarían un poco más en serio su historia. Tres noches al año (Pentecostés, San Juan y Santa Lucía) él y otros como él se transformaban en lobos, robaban algunas reses de las granjas locales y las devoraban. A continuación ponían rumbo al infierno, que era una isla al otro lado del mar y allí combatían al demonio y a sus servidoras las brujas y esto lo hacían porque ellos detestaban al demonio y eran los sabuesos de dios. Del resultado de esas batallas entre brujas y licántropos dependía la cosecha del año, si los lobos eran derrotados por los servidores del demonio el pueblo pasaría hambre y penurias, debían de recuperar además cuanto pudiesen del grano y el ganado robado por las brujas y devolverlo al mundo de los hombres.

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La capacidad de transformarse en lobo la había adquirido en su juventud siendo vagabundo, un compañero había brindado con él pronunciando un conjuro que le había convertido en licántropo. Thiess admitió en el juicio que él podía traspasar esa capacidad también a otros usando el mismo método: expirar tres veces sobre la jarra de bebida y brindar diciendo tú serás como yo, si la otra persona bebía de esa jarra se convertiría en hombrelobo. Pero él afirmó no haber traspasado esa capacidad a nadie.

A las preguntas de los jueces de si era devoto luterano y acudía con regularidad a la iglesia, admitió que no iba a misa porque era demasiado anciano para entender aquellos ritos. Durante el juicio también se demostró que, además de sus correrías lobunas nocturnas, Thiess era sanador y conocía conjuros para bendecir el ganado y el grano, evitar los ataques de lobo y parar las hemorragias. Pese a haber admitido en el tribunal que había sido licántropo, fueron sus conjuros  y no sus transformaciones lo que le hicieron ser condenado a flagelación y destierro. Los jueces estimaron que en sus encantamientos no se invocaba ni se pedía la intermediación de dios en ningún momento, por lo tanto eran de naturaleza criminal y maligna porque alentaban a los clientes de Thiess a alejarse del cristanismo.

(1) El Ataque del Hombre-Lobo de Lucas Cranach, 1512

(2) Les Lupins de Maurice Sand, 1858

Douglas: Un Escocés en la Reconquista

OK_00788.CR2Uno de los personajes principales de Outlaw King está muy relacionado con España, además es un viejo conocido de este blog, os estoy hablando de James Douglas el Negro. La película da un retrato bastante aproximado de su personalidad aunque, a priori, pueda parecernos de los personajes en los que los guionistas han dejado volar sus plumas más libremente. Sin embargo las pinceladas que vemos de la vida de Douglas en dicha película se basan en hechos reales.

Su padre Sir William Douglas fue el primer noble que se unió a la causa de William Wallace y, debido a ello, fue hecho prisionero por los ingleses y murió en prisión en Londres en 1298, además, sus posesiones en Escocia fueron confiscadas y entregadas a Robert Clifford. En Outlaw King vemos como James Douglas se presenta ante el mismísimo rey Eduardo I para solicitarle la devolución del feudo de su padre, es un hecho verídico que hizo encolarizarse con él al rey inglés…

Después de este encuentro el joven Douglas se convierte en poco más que un vagabundo, sin feudo ni señor al que servir. La película vuelve a plasmar fielmente su encuentro con Robert The Bruce: tras haber asesinado a John ComynRobert reclamó para sí la corona escocesa y comienza los preparativos para su coronación en Scone; cuando su comitiva va camino de Glasgow, se cruzan con el joven Douglas que avanza sólo en un caballo prestado y allí mismo le jura fidelidad al que será nuevo rey de Escocia. Junto a él sufrirá los primeros y duros reveses de la rebelión, la derrota en Mehtven a manos de Aymer de Valence y la no menos dolorosa derrota en la batalla de Dalrigh, esta vez a manos del clan MacDougall de Argyll. Ambas derrotas son narradas también en la película y, aunque se nos las presenta como hechos casi consecutivos, en la realidad transcurrieron varios meses entre ambas, pero la presión conjunta ejercida por sus enemigos ingleses y escoceses estuvo apunto de dar al traste con la rebelión en un primer momento. Esos duros reveses contribuyeron a cimentar una sólida relación personal entre Douglas y Robert.

El mote de El Negro se lo pusieron los ingleses, debido al terror que provocaban sus audaces incursiones tras las líneas enemigas. Otro episodio de su vida que se narra en Outlaw King, y que también es verídico pese a que resulte casi novelesco, es la toma del castillo que fuera de su padre durante el Domingo de Ramos de 1308. Douglas y un pequeño de grupo de seguidores se infiltraron en la vieja fortaleza familiar gracias a la ayuda de Thomas Dickson, un granjero que había sido vasallo de su familia. Cuando las tropas inglesas acudieron a la iglesia local para celebrar el Domingo de Ramos, fueron masacrados por los hombres de Douglas y sus antiguos vasallos al grito de “¡Douglas! ¡Douglas!”. Los ingleses que se rindieron no corrieron mejor suerte, todos fueron decapitados y quemados en una gran pira en el mismo castillo, cuyas despensas fueron saqueadas y sus pozos envenenados.

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Hasta ahí el Douglas cinematográfico pero, lo que no es tan conocido es que, este caballero escocés murió en Málaga durante la batalla del Castillo de Teba. Bruce, en su lecho de muerte, le arrancó la promesa de que  se encargaría de llevar su corazón embalsamado en peregrinación a Tierra Santa. Estando de camino en Flandes recibió la noticia de que Alfonso XI de Castilla preparaba una campaña contra el Reino de Granada y, Douglas y su comitiva, navegaron hasta Sevilla para poner sus fuerzas al servicio del monarca castellano. Parece que en el trascurso de la batalla, el contigente escocés, se vio rodeado por una fuerza enemiga muy superior y fue barrido del campo. Sin embargo, la leyenda sobre este suceso cuenta que, la caballería escocesa iba en vanguardia del ataque castellano e hizo retirarse al enemigo, cuando los escoceses trataban de dar caza a los moros que huían se encontraron con un contraataque de los musulmanes y muy lejos del resto de tropas cristianas. Douglas corrió para socorrer a William St Clair de Rosslyn, pero ambos acabaron rodeados por el enemigo. Viéndose perdido Douglas se arrancó el relicario con el corazón del rey y lo arrojó entre el enemigo gritando “Now pass thou onward as thou wert wont, and Douglas will follow thee or die.”(2) Y efectivamente lo siguieron cargando a la desesperada y encontrando la muerte bajo las murallas del Castillo de las Estrellas de Teba la mayoría del contigente escocés.

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Cuando sus restos y el corazón de Bruce fueron recuperados del campo fueron devueltos a escocia por Sir Willian Keith de Galston, que no había podido participar en la batalla por tener un brazo roto. La muerte de Douglas fue tan novelesca como el resto de su vida e incluso fue inmortalizada por Sir Walter Scott en Tales of a Grandfather. Hace tres meses hubo cierto revuelo mediático, del que nos hicimos bastante eco en este blog, alrededor de una posible lápida funeraria de James Douglas, que estaría depositada en el Museo de Álora (posibilidad con la que fuimos muy escépticos y de la que aún esperamos el veredicto de un perito geólogo, consultad los archivos del blog para conocer la pieza en cuestión)

Imagen principal: Aaron Taylor-Johnson caracterizado como James Douglas en la película Outlaw King (Netflix 2018)

(1) Memorial levantado en la Plaza de España de Teba (Málaga) en honor de James Douglas 

(2) “Ahora muéstranos el camino, ya que venciste, y Douglas te seguirá o morirá” 

(3) presunta lápida funeraria de Douglas que puede verse en el Museo de Álora

 

El Rey Proscrito: El Argumento (I)

La semana pasada Netflix estrenaba Outlaw King, biopic histórico sobre la rebelión encabezada por Robert the Bruce, rey de los escoceses, protagonizado por Chris Pine y dirigido por David MacKenzie. La película narra los hechos acaecidos desde el fracaso de la rebelión de William Wallace, hasta la primera victoria militar significativa de Bruce sobre los invasores ingleses, en la batalla de Loudon Hill (1307).

Quizás, los 121 minutos de metraje resultan insuficientes, para adentrarse en en un período tan políticamente complejo y con tantos personajes implicados en la trama. Yo me he quedado con esa impresión. La historia bien daría, al menos, para una miniserie de dos o tres capítulos, para poder explotar toda esa pléyade de personajes secundarios que se quedan a medio esbozar en este largometraje y que, a buen seguro, podrían aportar más enjundia a la historia… Pero ¿Quién soy yo para juzgar esta obra desde un punto de vista cinematográfico? Nadie. Hay muchos críticos de cine que pueden escribir esa reseña mejor que yo, así que, les dejaremos esa labor a ellos y yo me limitaré a comentaros los aspectos históricos de la peli porque, esta vez sí, estamos ante un film ambientado en la Edad Media que sí respeta (casi escrupulosamente) la verdadera historia que narra y el período en el que transcurre y, eso, es toda una novedad. Casi todo el mundo está haciendo la comparación, Braveheart vs Outlaw King, algo bastante lógico si entendemos la segunda como una continuación de la primera, habida cuenta de la historia que narran ambas. Desmenucemos la rey proscrito desde el punto de vista histórico

El Vestuario

Nuestros amigos recreadores están de enhorabuena, al menos no se van a enfadar tanto como de costumbre… En Outlaw King ni vamos a encontrar los caballeros enfundados en brillantes armaduras de la Excalibur de John Boorman, ni las vestiduras de cuero propias de Mad Max que solemos ver en Vikingos, ni siquiera los vistosos kilts que lucía el viejo Mel en Braveheart… El vestuario no chirría con la época que recrea, los caballeros visten cota de malla, gambesones y yelmos simples. Si debemos poner un pero sobre este equipamiento militar deberíamos apuntar a que su abundancia es excesiva: es lo adecuado para la época pero era muy caro, no todos los soldados podían disponer de cota de malla y yelmo.  Por motivos narrativos, este tipo de películas, suele uniformar a los ejércitos enemigos para distinguirlos en las escenas de batalla y, en la realidad, la infantería escocesa y la inglesa apenas se distinguirían, aquí también se usa ese recurso pero no de forma tan evidente como en otras ocasiones… Y no busquéis caras pintadas de azul, no las hay.

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La Historia

Outlaw King es muy respetuosa con la verdadera historia de Bruce pero distorsiona un poco los tiempos por motivos narrativos, como ya apuntaba más arriba quizás debido a un metraje demasiado comprimido, presenta como hechos consecutivos sucesos que en realidad se dieron en el espacio de meses o años. La película se inicia en 1304, cuando Robert ya llevaba 2 años casado con su segunda esposa Elizabeth de Burgh, la captura de la reina y su cautiverio en manos inglesas es representado bastante fielmente pero no su liberación, en la película parece ser una consecuencia de la victoria escocesa en Loudon Hill pero, en realidad, el final de su cautiverio y la independencia de Escocia tuvieron que esperar hasta después de la Batalla de Bannockburn 7 años más tarde que la batalla final de la película. Los ingleses trataron duramente a la esposa de Robert, pero a las que colgaron de una jaula de madera fue a su hermana María Bruce y a Isabella MacDuff (la que corona a Robert como Rey de Escocia en Scone en marzo de 1306). Hay que señalar también que, a Elizabeth, la rebelión le parecía una locura propia de niños.

El comienzo de la rebelión resulta desastroso  y, al principio, se suceden las contundentes derrotas a manos de sus enemigos ingleses comandados por Aymer de Valence y de sus adversarios escoceses, los MacDougall y los Comyn. En la película vemos la batalla de Methven, donde el Conde de Pembroke, Aymer de Valence, arrasa al ejército de un Robert demasiado fiel al código de la caballería (la batalla real también sucedió así, un ataque por sorpresa sobre el campamento escocés que diezmó las tropas de Bruce). A continuación los supervivientes vuelven a ser vencidos por los MacDougall, pero en la realidad transcurren meses entre ambas derrotas. Los partidarios de Bruce huyen en desbandada, el propio rey se refugia en el norte donde será protegido por Christina of the Isles (en la película es acogido por la familia de Angus, uno de los lugartenientes del Bruce cinematográfico). La reina, la hija del primer matrimonio de Robert y sus hermanas también han de huir protegidas por Nigel Bruce y son acogidas por el Conde de Atholl en Kildrummy, pero serán capturadas por los ingleses en Tain y el hermano del rey será ejecutado del modo que vemos en la película.

Tras pasar el invierno refugiados en las islas Bruce y sus seguidores retornan a Escocia en la primavera de 1307, para iniciar una guerra de guerrillas, atacan y destruyen pequeñas fortificaciones en manos inglesas que ni siquiera pueden ocupar por falta de efectivos. Así, en la película, vemos como Douglas se ingiltra en el castillo de su familia para aniquilar a la guarnición inglesa que lo ocupa durante el domingo de Ramos, a priori parece una de las escenas más novelescas de la película, pero esa escena narra un hecho real: los ingleses fueron asesinados en plena misa y luego, los hombres de Douglas, quemaron su propio castillo.

La película culmina con la Batalla de Loudon Hill y, aquí, es donde los guionistas han dejado volar más su imaginación. Es cierto que es el primer gran enfrentamiento en campo abierto tras una campaña de guerrillas, pero ningún historiador la considera una batalla decisiva en la guerra (que como ya hemos dicho se prolonga 7 años más y culmina en la Batalla de Bannockburn en 1314). Sí es cierto que Eduardo I Longshanks, rey de Inglaterra, muere confuciendo su ejército al norte (probablemente de disentería). También es real el uso de las schiltron (largas lanzas de madera) para rechazar las cargas de la caballería pesada inglesa (el uso de este arma ya se había plasmado en Braveheart). Sin embargo, no es cierto que Eduardo II comándase al ejército inglés ni que cruzase espada con Robert the Bruce, de hecho, ni estuvo en dicha batalla, los ingleses en Loudon Hill volvieron a estar bajo las órdenes de Aymer de Valence conde de Pembroke.

Hasta ahí llega lo narrado por Outlaw King, se me antoja que ha quedado mucha historia que contar, los 7 años que aún tardarán los escoceses en alcanzar su independencia dan perfectamente para una secuela (¿Se han dejado los guionistas a propósito esa podposibilidad?).

En la próxima entrega del blog os hablaré, un poco, de cada uno de los personajes de la película y del trasfondo histórico de cada uno de ellos.

Aplique de Plata Vikingo del Siglo IX

Hoy, os traigo una anécdota personal que me ha hecho recordar la célebre máxima de Óscar Wilde: la vida imita al arte. Después de muchos meses sin hacerlo, me he metido en Ebay a ojear antigüedades, nunca se sabe qué se puede encontrar uno en ese mercado persa, a veces gangas, a veces buenas reproducciones a precios exorbitantes y, otras veces, falsificaciones absurdas… aunque yo me limito a usar esa plataforma para comprar casi exclusivamente libros, reconozco que me gusta perder el tiempo buscando esas piezas escandalosamente falsas (todos tenemos nuestros vicios). Esta tarde encontré este aplique de plata vikingo que ha hecho que me ría un buen rato.

Un bonito dragón, que según el vendedor representa al mítico Fafnir, que él data como del siglo IX y por el que pide 380£. Os estaréis preguntando que dónde está la puñetera gracia del asunto. La gracia está en que yo, hace unos 6 años, empecé a intentar hacer ilustraciones usando los estilos del arte nórdico, llevaba mucho tiempo dibujando arte celta pero los estilos vikingos se me resistían. Fue una temporada de hacer muchos bocetos (la mayoría de ellos acabó en la papelera) y de estrujarme bastante las meninges, intentando familiarizarme con las reglas de esos estilos (que son anárquicos si los comparamos con el arte celta, donde todo es geométricamente claro). Uno de mis primeros diseños que no acabo en la papelera fue este pequeño dragón, que dibujé sobre una lámina de pizarra con rotuladores Posca.

¿Veis el parecido? Seguro que sí. Cuando encontré, en Ebay, el aplique de plata del siglo IX una sonrisa burlona se dibujó en mi cara…

La verdad es que nunca había estado muy orgulloso de ese pequeño dragón, era un paso en la dirección correcta pero aún me quedaba mucho camino por recorrer. Sin embargo, algún avispado timador, supuso que era lo suficientemente bueno como para hacerlo pasar por una auténtica antigüedad vikinga valorada en 380£ más gastos de envío… O, quizás, yo viajé astralmente 1200 años hacia atrás en el tiempo, para copiarle ese dragón a algún joyero vikingo con limitado talento para el dibujo. El caso es que le mandé un email al vendedor, para pedirle información adicional sobre la pieza y, ahora, la ha retirado de la venta. Me tendré que quedar con la duda de saber si él es un timador o yo puedo viajar en el tiempo.

De Osos y Reyes: La Nueva Religión (II)

El Cristianismo en la Asturies antigua

Si el encuentro entre el Fáffila y el oso, que acabó con la muerte del monarca, tenía algún significado religioso hemos de suponer que a Asturies del siglo VIII debía seguir siendo, al menos en parte, pagana ¿Es eso verosímil? ¿Cómo y en qué intensidad se había implantado la nueva religión en el norte peninsular? Para averiguar esto debemos retroceder un poco en el tiempo.

La implantación del cristianismo en Hispania es un fenómeno de aculturación íntimamente ligado a otro más, amplio y complejo, que conocemos como la romanización  y, ésta, es sabido por todos que no tuvo la misma intensidad en todas las zonas peninsulares (1). Por ello conviene que retrocedamos un poco en el tiempo, para recordar cómo se propaga el nuevo culto en el Imperio Romano y, más concretamente, conocer qué pruebas tenemos de su implantación en la Asturia Transmontana.

El cristianismo, igual que otros cultos mistéricos orientales como el culto a Isis o el mitraísmo, son fenómenos que en un primer momento son eminentemente urbanos y su propagación sigue unos cauces bastante definidos. Así, el primer cristianismo se propaga por las comunidades judías establecidas a lo largo del Imperio. Roma consideraba a los cristianos más como agitadores políticos que como a seguidores de una religión propiamente dicha. Fue su negativa a rendir culto al emperador lo que desencadenó las primeras persecuciones y no sus creencias religiosas. Eso y el igualitarismo de su doctrina primitiva, hizo que fuese visto como un grupo subversivo que ponía en cuestión la sociedad esclavista de la época, lo que también hizo  que fuera tremendamente atractivo entre los esclavos y las clases más populares de Roma, entre los que se extendió rápidamente.

Posteriormente, en el siglo IV, cuando el culto cristiano pasa a ser tolerado y, poco más tarde, se convierte en la religión oficial del Imperio, el principal cauce de propagación del nuevo culto va a ser la propia administración romana. De hecho, la primera organización episcopal cristiana  se superpone sobre la organización territorial romana, convirtiéndose las capitales de los Coventus jurídicos, casi automáticamente, en sedes episcopales (así sucede con Astorga, Lugo y Braga en el caso de Gallaecia). Como vemos, la propagación del cristianismo sigue siendo un fenómeno íntimamente ligado a los grandes centros urbanos. Cabe recordar aquí el origen etimológico de la palabra pagano, el que habita en el pagus (el campo).

El cristianismo primitivo es una religión urbana y la Asturia Transmontana es una región fundamentalmente rural. Las comunidades cristianas que pudieran haberse establecido aquí dependerían de las sedes episcopales mencionadas más arriba (El Parroquial Suevo del 569 sólo menciona la parroquia de los Pésicos, que dependería de Astorga) o de la establecida en León (casi ningún historiador se toma en serio que pudiera haberse establecido realmente otra sede episcopal en Lucus Asturum durante el fugaz paso de los Vándalos por Asturies). A pesar de lo dicho hay ciertas evidencias arqueológicas, escasas, que apuntan al establecimiento  de comunidades paleocristianas vinculadas a algunas las villae tardorromanas asturianas (Valdunu, La Magdalena la Llera o Veranes), como la lápida con crismones inscritos que abre esta entrada, procedente de la villa de Veranes (Xixón) (2).

“Es posible afirmar que el momento de penetración y la configuración de las primitivas comunidades cristianas en suelo de Asturias tendrían lugar ya en tiempos bajoimperiales, aunque en realidad su expansión por todas las zonas rurales, especialmente del interior, no se produciría realmente hasta la época visigoda.” (3)

También hay que tener en cuenta la popularidad que alcanzó en la Gallaecia la herejía priscialiana, una doctrina rigorista que predicaba la austeridad y la pobreza que fue condenada en el concilio de braga del 561, que debió ser germen de un monacato rural que debió contribuir a extender el cristianismo en zonas aisladas del interior. De ese cristianismo monacal rural también encontramos algunas pruebas arqueológicas: la inscripción del cancel de Santa Cristina de L.lena que menciona al abad Flainus (fechada en 681); los restos arquitectónicos del Castro San Chuis, germen del cenobio de Zalón (Ayande)… (4). Ese monacato rural, asistemático y voluntarista, debió convertirse en el principal vector de cristianización en los siglos que van de la caída de Roma hasta la creación del Regnum Asturum, y con él deben estar relacionados las primitivas ermitas que empiezan a levantarse en asentamientos que ya debían de ser sagrados para la antigua religión (templos erigidos en primitivos recintos castreños, asociados a monumentos megalíticos…). Para facilitar la labor misionera de esos monjes y ermitaños en las zonas rurales de la Gallaecia, Martín de Dumio, redacta a finales del siglo VI De Correctione Rusticorum que trata de acabar con las prácticas, paganas aún populares en el noroeste, y con la influencia herética del priscilianismo.

En resumen, y a la vista de la escasez de restos arqueológicos, podemos presuponer que la cristianización de la Asturia Transmontana se produce ya en época visigoda, quizás a finales del VII, si tenemos en cuenta las dificultades que tuvieron los monarcas suevos y visigodos tratando de someter a los luggones, aunque ya debían existir pequeñas comunidades cristianas desde el siglo IV vinculadas a las villae más importantes en las zonas más romanizadas de la región. De época visigoda se conservan varios conjuntos de jarrones litúrgicos y canceles, reutilizados en diversas iglesias, restos más abundantes si los comparamos con los tardorromanos pero que también resultan difíciles de interpretar, porque no se les puede adscribir una cronología clara y es posible que llegarán a Asturies en fecha tardía.

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(1)Javier Fdez. Conde, Lugares de Culto en Asturias durante la Época de Transición

(2) Carmen Fdez. Ochoa et al., Nuevas evidencias del cristianismo en Asturias: los crismones de la villa romana de Veranes (Gijón)

(3 y 4) Narciso Santos Yanguas, El cristianismo en Asturias en época visigoda

(5) Fragmento de cancel visigodo procedente de Samiguel de Lliñu (Uviéu), actualmente en el Museo Arqueológico de Uviéu.

Ilustración: Broche de Disco de Cossington

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Hoy os presento una de mis ilustraciones, ésta es de estilo puntillista y está inspirada por una pieza arqueológica, un broche de disco vikingo encontrado en Cossington (Condado de Leicestershire, Inglaterra).

Se cree que fue hecho en Dinamarca, hacia el año 900, y luego fue llevado a Inglaterra. Está hecho en aleación de cobre y está decorado con un diseño tripartito en estilo Borre. Podéis encontrar más información sobre el broche original aquí.

De Osos y Reyes: el Rey Imprudente (I)

Uno de los episodios más conocidos, a nivel popular, de los tres siglos de historia del Regnum Asturum es la muerte de nuestro segundo monarca, Fáffila (o Favila), a manos de un oso en el segundo año de su reinado. Las crónicas asturianas apenas dedican una lacónica frase al rey, su reinado y su pintoresca muerte, siendo la Sebastaniense la que más se extiende

“Filius eius Faffila in regno successit. Qui propter paucitatem temporis nihil istorie dignum egit. Quadam occasione leuitatis ab urso interfectus est an. regni sui secundo era DCCLXXVII” (1)

Lo que la mayoría conocemos, en cambio, es la narración que hace de dicho suceso Fray Prudencio de Sandoval, que narra la desdichada jornada de caza ya bien entrado el siglo XVII. Éstas son sus palabras:

“Como el rey D. Favila fuese venido a esta vega, o cerca de Santa Cruz. Una gran cabalgada de moros que habían entrado a correr aquellas montañas teniendo sus tiendas en el campo cerca de la ermita que digo de Santa Cruz sin quitarse el saco de malla que traía con el pavés (escudo oblongo que cubre casi todo el cuerpo) en la mano y la espada en la cinta, quiso ir a montería. Su mujer la reina Froiliuba, dándole el corazón saltos con temor de algún mal suceso, porfiaba con el rey que se desarmase, que venia cansado de pelear y que dejase por aquel día la caza. Tirábale del faldón de la ropa pidiéndole con lágrimas y palabras de amor que se apease. El rey porfiaba en ir y tomando un azor en la mano se despidió de la reina; y ella con mucho sentimiento le abrazó y besó, quedando muy lastimada por los secretos anuncios que le daba el alma. El rey subió por un monte que está cerca de la vega, que se llama sobremonte al lugar de Helgueras, metióse en un vallecillo que hace ese monte y yendo sólo se topó con un oso; osada y atrevidamente, soltando el pájaro que llevaba echó mano de su espada y embrazó el pavés, cerró con el oso dándole una estocada por los pechos o hijadas, más no bastó en quitar al oso que no se abrazase con el rey, y le hiriese hasta matarle sin tener quien le ayudase. En el lugar donde los suyos le hallaron muerto está hoy una cruz.” (2)

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Podríamos decir que el juicio de la historia ha sido implacable con Fáffila que ha pasado a la posteridad como rey imprudente, disoluto y reacio a la guerra con los musulmanes…  El oso es un elemento puesto en su camino por la providencia y, su muerte, restaura el destino último de la monarquía ástur: iniciar el proceso de la reconquista (como vemos, esta interpretación es una narración de los hechos hecha a posteriori, que trata de encajar el suceso en una visión providencialista de la historia). Pero ¿Es ése un juicio justo? La laxitud de las fuentes escritas más cercanas al monarca, las crónicas escritas en tiempos de Alfonso III, resulta cuando menos sospechosa; otras narraciones posteriores del suceso, escritas varios siglos más tarde, no son más que relatos alegóricos del suceso que no aportan ningún dato que podamos considerar fidedigno a la historia… Sólo podemos elucubrar sobre la muerte del heredero de Pelayo y su verdadero papel en la historia pero, por suerte, se nos da bien hacer elucubraciones.

Las principales hipótesis sobre la muerte de Fáffila se mencionan en la Wikipedia y, en un ejercicio de inusitada originalidad, voy a ceñirme a ellas pero extendiéndome en la que, a priori, parece la hipótesis más improbable:

  • La primera es la que conocemos popularmente, un rey imprudente, más preocupado por satisfacer sus pasiones que por los asuntos de estado, muerto en un accidente de caza.
  • La segunda es el asesinato político, una vieja tradición en la corte del Reino de Toledo, seguramente es la más razonable desde el punto de vista histórico. La muerte de Fáffila supuso la subida al trono de Alfonso I y el cambio de línea dinástica, Alfonso I es yerno de Pelayo y sube al trono cuando la legitimidad disnástica dicta que deberían ser los hijos de Fáffila los herederos del joven reino, sin embargo, los nietos o nietas de Pelayo desaparecen de la historia en el mismo momento que su padre es despedazado por el oso (como digo es la opción más verosímil y la que hubiera elegido George R.R. Martin).
  • La tercera, que es a la que vamos a dedicar más tiempo, es la que dice que el segundo rey del Regnum Asturum muere durante un viejo ritual pagano en el que debía probar sus dotes para ejercer el liderazgo en una sociedad eminentemente guerrera. Es una hipótesis muy sugerente y, aunque en algunos momentos puede parecer descabellada, podría esconder algún viso de realidad, pero para poder tomárnosla en serio primero deberíamos probar ciertas premisas, a saber: la sociedad ástur, al menos una parte sustancial, ha de seguir siendo pagana; el oso ha de ser un animal considerado sobrenatural y sagrado; la caza de dicho animal sagrado ha de tener connotaciones ritualísticas.

(1) “Le sucedió en el trono su hijo Fáffila. Este, por lo escaso de su tiempo, no hizo nada digno de la historia. A causa de una ligereza fue muerto por un oso, en el segundo año de su reinado, en la era 777 (año 739)”Crónica Ad Sabastianum, 890 (Aprox)

(2) Fray Prudencio de Sandoval, Historia de los Cinco Obispos, 1639

(3) Estos relieves del templo románico de San Pedro de Villanueva (Cangues d’Onís) suelen relacionarse tradicionalmente con la versión popular de la muerte de Fáffila.