De Osos y Reyes: La Nueva Religión (II)

El Cristianismo en la Asturies antigua

Si el encuentro entre el Fáffila y el oso, que acabó con la muerte del monarca, tenía algún significado religioso hemos de suponer que a Asturies del siglo VIII debía seguir siendo, al menos en parte, pagana ¿Es eso verosímil? ¿Cómo y en qué intensidad se había implantado la nueva religión en el norte peninsular? Para averiguar esto debemos retroceder un poco en el tiempo.

La implantación del cristianismo en Hispania es un fenómeno de aculturación íntimamente ligado a otro más, amplio y complejo, que conocemos como la romanización  y, ésta, es sabido por todos que no tuvo la misma intensidad en todas las zonas peninsulares (1). Por ello conviene que retrocedamos un poco en el tiempo, para recordar cómo se propaga el nuevo culto en el Imperio Romano y, más concretamente, conocer qué pruebas tenemos de su implantación en la Asturia Transmontana.

El cristianismo, igual que otros cultos mistéricos orientales como el culto a Isis o el mitraísmo, son fenómenos que en un primer momento son eminentemente urbanos y su propagación sigue unos cauces bastante definidos. Así, el primer cristianismo se propaga por las comunidades judías establecidas a lo largo del Imperio. Roma consideraba a los cristianos más como agitadores políticos que como a seguidores de una religión propiamente dicha. Fue su negativa a rendir culto al emperador lo que desencadenó las primeras persecuciones y no sus creencias religiosas. Eso y el igualitarismo de su doctrina primitiva, hizo que fuese visto como un grupo subversivo que ponía en cuestión la sociedad esclavista de la época, lo que también hizo  que fuera tremendamente atractivo entre los esclavos y las clases más populares de Roma, entre los que se extendió rápidamente.

Posteriormente, en el siglo IV, cuando el culto cristiano pasa a ser tolerado y, poco más tarde, se convierte en la religión oficial del Imperio, el principal cauce de propagación del nuevo culto va a ser la propia administración romana. De hecho, la primera organización episcopal cristiana  se superpone sobre la organización territorial romana, convirtiéndose las capitales de los Coventus jurídicos, casi automáticamente, en sedes episcopales (así sucede con Astorga, Lugo y Braga en el caso de Gallaecia). Como vemos, la propagación del cristianismo sigue siendo un fenómeno íntimamente ligado a los grandes centros urbanos. Cabe recordar aquí el origen etimológico de la palabra pagano, el que habita en el pagus (el campo).

El cristianismo primitivo es una religión urbana y la Asturia Transmontana es una región fundamentalmente rural. Las comunidades cristianas que pudieran haberse establecido aquí dependerían de las sedes episcopales mencionadas más arriba (El Parroquial Suevo del 569 sólo menciona la parroquia de los Pésicos, que dependería de Astorga) o de la establecida en León (casi ningún historiador se toma en serio que pudiera haberse establecido realmente otra sede episcopal en Lucus Asturum durante el fugaz paso de los Vándalos por Asturies). A pesar de lo dicho hay ciertas evidencias arqueológicas, escasas, que apuntan al establecimiento  de comunidades paleocristianas vinculadas a algunas las villae tardorromanas asturianas (Valdunu, La Magdalena la Llera o Veranes), como la lápida con crismones inscritos que abre esta entrada, procedente de la villa de Veranes (Xixón) (2).

“Es posible afirmar que el momento de penetración y la configuración de las primitivas comunidades cristianas en suelo de Asturias tendrían lugar ya en tiempos bajoimperiales, aunque en realidad su expansión por todas las zonas rurales, especialmente del interior, no se produciría realmente hasta la época visigoda.” (3)

También hay que tener en cuenta la popularidad que alcanzó en la Gallaecia la herejía priscialiana, una doctrina rigorista que predicaba la austeridad y la pobreza que fue condenada en el concilio de braga del 561, que debió ser germen de un monacato rural que debió contribuir a extender el cristianismo en zonas aisladas del interior. De ese cristianismo monacal rural también encontramos algunas pruebas arqueológicas: la inscripción del cancel de Santa Cristina de L.lena que menciona al abad Flainus (fechada en 681); los restos arquitectónicos del Castro San Chuis, germen del cenobio de Zalón (Ayande)… (4). Ese monacato rural, asistemático y voluntarista, debió convertirse en el principal vector de cristianización en los siglos que van de la caída de Roma hasta la creación del Regnum Asturum, y con él deben estar relacionados las primitivas ermitas que empiezan a levantarse en asentamientos que ya debían de ser sagrados para la antigua religión (templos erigidos en primitivos recintos castreños, asociados a monumentos megalíticos…). Para facilitar la labor misionera de esos monjes y ermitaños en las zonas rurales de la Gallaecia, Martín de Dumio, redacta a finales del siglo VI De Correctione Rusticorum que trata de acabar con las prácticas, paganas aún populares en el noroeste, y con la influencia herética del priscilianismo.

En resumen, y a la vista de la escasez de restos arqueológicos, podemos presuponer que la cristianización de la Asturia Transmontana se produce ya en época visigoda, quizás a finales del VII, si tenemos en cuenta las dificultades que tuvieron los monarcas suevos y visigodos tratando de someter a los luggones, aunque ya debían existir pequeñas comunidades cristianas desde el siglo IV vinculadas a las villae más importantes en las zonas más romanizadas de la región. De época visigoda se conservan varios conjuntos de jarrones litúrgicos y canceles, reutilizados en diversas iglesias, restos más abundantes si los comparamos con los tardorromanos pero que también resultan difíciles de interpretar, porque no se les puede adscribir una cronología clara y es posible que llegarán a Asturies en fecha tardía.

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(1)Javier Fdez. Conde, Lugares de Culto en Asturias durante la Época de Transición

(2) Carmen Fdez. Ochoa et al., Nuevas evidencias del cristianismo en Asturias: los crismones de la villa romana de Veranes (Gijón)

(3 y 4) Narciso Santos Yanguas, El cristianismo en Asturias en época visigoda

(5) Fragmento de cancel visigodo procedente de Samiguel de Lliñu (Uviéu), actualmente en el Museo Arqueológico de Uviéu.

De Osos y Reyes: el Rey Imprudente (I)

Uno de los episodios más conocidos, a nivel popular, de los tres siglos de historia del Regnum Asturum es la muerte de nuestro segundo monarca, Fáffila (o Favila), a manos de un oso en el segundo año de su reinado. Las crónicas asturianas apenas dedican una lacónica frase al rey, su reinado y su pintoresca muerte, siendo la Sebastaniense la que más se extiende

“Filius eius Faffila in regno successit. Qui propter paucitatem temporis nihil istorie dignum egit. Quadam occasione leuitatis ab urso interfectus est an. regni sui secundo era DCCLXXVII” (1)

Lo que la mayoría conocemos, en cambio, es la narración que hace de dicho suceso Fray Prudencio de Sandoval, que narra la desdichada jornada de caza ya bien entrado el siglo XVII. Éstas son sus palabras:

“Como el rey D. Favila fuese venido a esta vega, o cerca de Santa Cruz. Una gran cabalgada de moros que habían entrado a correr aquellas montañas teniendo sus tiendas en el campo cerca de la ermita que digo de Santa Cruz sin quitarse el saco de malla que traía con el pavés (escudo oblongo que cubre casi todo el cuerpo) en la mano y la espada en la cinta, quiso ir a montería. Su mujer la reina Froiliuba, dándole el corazón saltos con temor de algún mal suceso, porfiaba con el rey que se desarmase, que venia cansado de pelear y que dejase por aquel día la caza. Tirábale del faldón de la ropa pidiéndole con lágrimas y palabras de amor que se apease. El rey porfiaba en ir y tomando un azor en la mano se despidió de la reina; y ella con mucho sentimiento le abrazó y besó, quedando muy lastimada por los secretos anuncios que le daba el alma. El rey subió por un monte que está cerca de la vega, que se llama sobremonte al lugar de Helgueras, metióse en un vallecillo que hace ese monte y yendo sólo se topó con un oso; osada y atrevidamente, soltando el pájaro que llevaba echó mano de su espada y embrazó el pavés, cerró con el oso dándole una estocada por los pechos o hijadas, más no bastó en quitar al oso que no se abrazase con el rey, y le hiriese hasta matarle sin tener quien le ayudase. En el lugar donde los suyos le hallaron muerto está hoy una cruz.” (2)

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Podríamos decir que el juicio de la historia ha sido implacable con Fáffila que ha pasado a la posteridad como rey imprudente, disoluto y reacio a la guerra con los musulmanes…  El oso es un elemento puesto en su camino por la providencia y, su muerte, restaura el destino último de la monarquía ástur: iniciar el proceso de la reconquista (como vemos, esta interpretación es una narración de los hechos hecha a posteriori, que trata de encajar el suceso en una visión providencialista de la historia). Pero ¿Es ése un juicio justo? La laxitud de las fuentes escritas más cercanas al monarca, las crónicas escritas en tiempos de Alfonso III, resulta cuando menos sospechosa; otras narraciones posteriores del suceso, escritas varios siglos más tarde, no son más que relatos alegóricos del suceso que no aportan ningún dato que podamos considerar fidedigno a la historia… Sólo podemos elucubrar sobre la muerte del heredero de Pelayo y su verdadero papel en la historia pero, por suerte, se nos da bien hacer elucubraciones.

Las principales hipótesis sobre la muerte de Fáffila se mencionan en la Wikipedia y, en un ejercicio de inusitada originalidad, voy a ceñirme a ellas pero extendiéndome en la que, a priori, parece la hipótesis más improbable:

  • La primera es la que conocemos popularmente, un rey imprudente, más preocupado por satisfacer sus pasiones que por los asuntos de estado, muerto en un accidente de caza.
  • La segunda es el asesinato político, una vieja tradición en la corte del Reino de Toledo, seguramente es la más razonable desde el punto de vista histórico. La muerte de Fáffila supuso la subida al trono de Alfonso I y el cambio de línea dinástica, Alfonso I es yerno de Pelayo y sube al trono cuando la legitimidad disnástica dicta que deberían ser los hijos de Fáffila los herederos del joven reino, sin embargo, los nietos o nietas de Pelayo desaparecen de la historia en el mismo momento que su padre es despedazado por el oso (como digo es la opción más verosímil y la que hubiera elegido George R.R. Martin).
  • La tercera, que es a la que vamos a dedicar más tiempo, es la que dice que el segundo rey del Regnum Asturum muere durante un viejo ritual pagano en el que debía probar sus dotes para ejercer el liderazgo en una sociedad eminentemente guerrera. Es una hipótesis muy sugerente y, aunque en algunos momentos puede parecer descabellada, podría esconder algún viso de realidad, pero para poder tomárnosla en serio primero deberíamos probar ciertas premisas, a saber: la sociedad ástur, al menos una parte sustancial, ha de seguir siendo pagana; el oso ha de ser un animal considerado sobrenatural y sagrado; la caza de dicho animal sagrado ha de tener connotaciones ritualísticas.

(1) “Le sucedió en el trono su hijo Fáffila. Este, por lo escaso de su tiempo, no hizo nada digno de la historia. A causa de una ligereza fue muerto por un oso, en el segundo año de su reinado, en la era 777 (año 739)”Crónica Ad Sabastianum, 890 (Aprox)

(2) Fray Prudencio de Sandoval, Historia de los Cinco Obispos, 1639

(3) Estos relieves del templo románico de San Pedro de Villanueva (Cangues d’Onís) suelen relacionarse tradicionalmente con la versión popular de la muerte de Fáffila.