Douglas: Un Escocés en la Reconquista

OK_00788.CR2Uno de los personajes principales de Outlaw King está muy relacionado con España, además es un viejo conocido de este blog, os estoy hablando de James Douglas el Negro. La película da un retrato bastante aproximado de su personalidad aunque, a priori, pueda parecernos de los personajes en los que los guionistas han dejado volar sus plumas más libremente. Sin embargo las pinceladas que vemos de la vida de Douglas en dicha película se basan en hechos reales.

Su padre Sir William Douglas fue el primer noble que se unió a la causa de William Wallace y, debido a ello, fue hecho prisionero por los ingleses y murió en prisión en Londres en 1298, además, sus posesiones en Escocia fueron confiscadas y entregadas a Robert Clifford. En Outlaw King vemos como James Douglas se presenta ante el mismísimo rey Eduardo I para solicitarle la devolución del feudo de su padre, es un hecho verídico que hizo encolarizarse con él al rey inglés…

Después de este encuentro el joven Douglas se convierte en poco más que un vagabundo, sin feudo ni señor al que servir. La película vuelve a plasmar fielmente su encuentro con Robert The Bruce: tras haber asesinado a John ComynRobert reclamó para sí la corona escocesa y comienza los preparativos para su coronación en Scone; cuando su comitiva va camino de Glasgow, se cruzan con el joven Douglas que avanza sólo en un caballo prestado y allí mismo le jura fidelidad al que será nuevo rey de Escocia. Junto a él sufrirá los primeros y duros reveses de la rebelión, la derrota en Mehtven a manos de Aymer de Valence y la no menos dolorosa derrota en la batalla de Dalrigh, esta vez a manos del clan MacDougall de Argyll. Ambas derrotas son narradas también en la película y, aunque se nos las presenta como hechos casi consecutivos, en la realidad transcurrieron varios meses entre ambas, pero la presión conjunta ejercida por sus enemigos ingleses y escoceses estuvo apunto de dar al traste con la rebelión en un primer momento. Esos duros reveses contribuyeron a cimentar una sólida relación personal entre Douglas y Robert.

El mote de El Negro se lo pusieron los ingleses, debido al terror que provocaban sus audaces incursiones tras las líneas enemigas. Otro episodio de su vida que se narra en Outlaw King, y que también es verídico pese a que resulte casi novelesco, es la toma del castillo que fuera de su padre durante el Domingo de Ramos de 1308. Douglas y un pequeño de grupo de seguidores se infiltraron en la vieja fortaleza familiar gracias a la ayuda de Thomas Dickson, un granjero que había sido vasallo de su familia. Cuando las tropas inglesas acudieron a la iglesia local para celebrar el Domingo de Ramos, fueron masacrados por los hombres de Douglas y sus antiguos vasallos al grito de “¡Douglas! ¡Douglas!”. Los ingleses que se rindieron no corrieron mejor suerte, todos fueron decapitados y quemados en una gran pira en el mismo castillo, cuyas despensas fueron saqueadas y sus pozos envenenados.

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Hasta ahí el Douglas cinematográfico pero, lo que no es tan conocido es que, este caballero escocés murió en Málaga durante la batalla del Castillo de Teba. Bruce, en su lecho de muerte, le arrancó la promesa de que  se encargaría de llevar su corazón embalsamado en peregrinación a Tierra Santa. Estando de camino en Flandes recibió la noticia de que Alfonso XI de Castilla preparaba una campaña contra el Reino de Granada y, Douglas y su comitiva, navegaron hasta Sevilla para poner sus fuerzas al servicio del monarca castellano. Parece que en el trascurso de la batalla, el contigente escocés, se vio rodeado por una fuerza enemiga muy superior y fue barrido del campo. Sin embargo, la leyenda sobre este suceso cuenta que, la caballería escocesa iba en vanguardia del ataque castellano e hizo retirarse al enemigo, cuando los escoceses trataban de dar caza a los moros que huían se encontraron con un contraataque de los musulmanes y muy lejos del resto de tropas cristianas. Douglas corrió para socorrer a William St Clair de Rosslyn, pero ambos acabaron rodeados por el enemigo. Viéndose perdido Douglas se arrancó el relicario con el corazón del rey y lo arrojó entre el enemigo gritando “Now pass thou onward as thou wert wont, and Douglas will follow thee or die.”(2) Y efectivamente lo siguieron cargando a la desesperada y encontrando la muerte bajo las murallas del Castillo de las Estrellas de Teba la mayoría del contigente escocés.

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Cuando sus restos y el corazón de Bruce fueron recuperados del campo fueron devueltos a escocia por Sir Willian Keith de Galston, que no había podido participar en la batalla por tener un brazo roto. La muerte de Douglas fue tan novelesca como el resto de su vida e incluso fue inmortalizada por Sir Walter Scott en Tales of a Grandfather. Hace tres meses hubo cierto revuelo mediático, del que nos hicimos bastante eco en este blog, alrededor de una posible lápida funeraria de James Douglas, que estaría depositada en el Museo de Álora (posibilidad con la que fuimos muy escépticos y de la que aún esperamos el veredicto de un perito geólogo, consultad los archivos del blog para conocer la pieza en cuestión)

Imagen principal: Aaron Taylor-Johnson caracterizado como James Douglas en la película Outlaw King (Netflix 2018)

(1) Memorial levantado en la Plaza de España de Teba (Málaga) en honor de James Douglas 

(2) “Ahora muéstranos el camino, ya que venciste, y Douglas te seguirá o morirá” 

(3) presunta lápida funeraria de Douglas que puede verse en el Museo de Álora

 

De Osos y Reyes: La Nueva Religión (II)

El Cristianismo en la Asturies antigua

Si el encuentro entre el Fáffila y el oso, que acabó con la muerte del monarca, tenía algún significado religioso hemos de suponer que a Asturies del siglo VIII debía seguir siendo, al menos en parte, pagana ¿Es eso verosímil? ¿Cómo y en qué intensidad se había implantado la nueva religión en el norte peninsular? Para averiguar esto debemos retroceder un poco en el tiempo.

La implantación del cristianismo en Hispania es un fenómeno de aculturación íntimamente ligado a otro más, amplio y complejo, que conocemos como la romanización  y, ésta, es sabido por todos que no tuvo la misma intensidad en todas las zonas peninsulares (1). Por ello conviene que retrocedamos un poco en el tiempo, para recordar cómo se propaga el nuevo culto en el Imperio Romano y, más concretamente, conocer qué pruebas tenemos de su implantación en la Asturia Transmontana.

El cristianismo, igual que otros cultos mistéricos orientales como el culto a Isis o el mitraísmo, son fenómenos que en un primer momento son eminentemente urbanos y su propagación sigue unos cauces bastante definidos. Así, el primer cristianismo se propaga por las comunidades judías establecidas a lo largo del Imperio. Roma consideraba a los cristianos más como agitadores políticos que como a seguidores de una religión propiamente dicha. Fue su negativa a rendir culto al emperador lo que desencadenó las primeras persecuciones y no sus creencias religiosas. Eso y el igualitarismo de su doctrina primitiva, hizo que fuese visto como un grupo subversivo que ponía en cuestión la sociedad esclavista de la época, lo que también hizo  que fuera tremendamente atractivo entre los esclavos y las clases más populares de Roma, entre los que se extendió rápidamente.

Posteriormente, en el siglo IV, cuando el culto cristiano pasa a ser tolerado y, poco más tarde, se convierte en la religión oficial del Imperio, el principal cauce de propagación del nuevo culto va a ser la propia administración romana. De hecho, la primera organización episcopal cristiana  se superpone sobre la organización territorial romana, convirtiéndose las capitales de los Coventus jurídicos, casi automáticamente, en sedes episcopales (así sucede con Astorga, Lugo y Braga en el caso de Gallaecia). Como vemos, la propagación del cristianismo sigue siendo un fenómeno íntimamente ligado a los grandes centros urbanos. Cabe recordar aquí el origen etimológico de la palabra pagano, el que habita en el pagus (el campo).

El cristianismo primitivo es una religión urbana y la Asturia Transmontana es una región fundamentalmente rural. Las comunidades cristianas que pudieran haberse establecido aquí dependerían de las sedes episcopales mencionadas más arriba (El Parroquial Suevo del 569 sólo menciona la parroquia de los Pésicos, que dependería de Astorga) o de la establecida en León (casi ningún historiador se toma en serio que pudiera haberse establecido realmente otra sede episcopal en Lucus Asturum durante el fugaz paso de los Vándalos por Asturies). A pesar de lo dicho hay ciertas evidencias arqueológicas, escasas, que apuntan al establecimiento  de comunidades paleocristianas vinculadas a algunas las villae tardorromanas asturianas (Valdunu, La Magdalena la Llera o Veranes), como la lápida con crismones inscritos que abre esta entrada, procedente de la villa de Veranes (Xixón) (2).

“Es posible afirmar que el momento de penetración y la configuración de las primitivas comunidades cristianas en suelo de Asturias tendrían lugar ya en tiempos bajoimperiales, aunque en realidad su expansión por todas las zonas rurales, especialmente del interior, no se produciría realmente hasta la época visigoda.” (3)

También hay que tener en cuenta la popularidad que alcanzó en la Gallaecia la herejía priscialiana, una doctrina rigorista que predicaba la austeridad y la pobreza que fue condenada en el concilio de braga del 561, que debió ser germen de un monacato rural que debió contribuir a extender el cristianismo en zonas aisladas del interior. De ese cristianismo monacal rural también encontramos algunas pruebas arqueológicas: la inscripción del cancel de Santa Cristina de L.lena que menciona al abad Flainus (fechada en 681); los restos arquitectónicos del Castro San Chuis, germen del cenobio de Zalón (Ayande)… (4). Ese monacato rural, asistemático y voluntarista, debió convertirse en el principal vector de cristianización en los siglos que van de la caída de Roma hasta la creación del Regnum Asturum, y con él deben estar relacionados las primitivas ermitas que empiezan a levantarse en asentamientos que ya debían de ser sagrados para la antigua religión (templos erigidos en primitivos recintos castreños, asociados a monumentos megalíticos…). Para facilitar la labor misionera de esos monjes y ermitaños en las zonas rurales de la Gallaecia, Martín de Dumio, redacta a finales del siglo VI De Correctione Rusticorum que trata de acabar con las prácticas, paganas aún populares en el noroeste, y con la influencia herética del priscilianismo.

En resumen, y a la vista de la escasez de restos arqueológicos, podemos presuponer que la cristianización de la Asturia Transmontana se produce ya en época visigoda, quizás a finales del VII, si tenemos en cuenta las dificultades que tuvieron los monarcas suevos y visigodos tratando de someter a los luggones, aunque ya debían existir pequeñas comunidades cristianas desde el siglo IV vinculadas a las villae más importantes en las zonas más romanizadas de la región. De época visigoda se conservan varios conjuntos de jarrones litúrgicos y canceles, reutilizados en diversas iglesias, restos más abundantes si los comparamos con los tardorromanos pero que también resultan difíciles de interpretar, porque no se les puede adscribir una cronología clara y es posible que llegarán a Asturies en fecha tardía.

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(1)Javier Fdez. Conde, Lugares de Culto en Asturias durante la Época de Transición

(2) Carmen Fdez. Ochoa et al., Nuevas evidencias del cristianismo en Asturias: los crismones de la villa romana de Veranes (Gijón)

(3 y 4) Narciso Santos Yanguas, El cristianismo en Asturias en época visigoda

(5) Fragmento de cancel visigodo procedente de Samiguel de Lliñu (Uviéu), actualmente en el Museo Arqueológico de Uviéu.

Ilustración: Broche de Disco de Cossington

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Hoy os presento una de mis ilustraciones, ésta es de estilo puntillista y está inspirada por una pieza arqueológica, un broche de disco vikingo encontrado en Cossington (Condado de Leicestershire, Inglaterra).

Se cree que fue hecho en Dinamarca, hacia el año 900, y luego fue llevado a Inglaterra. Está hecho en aleación de cobre y está decorado con un diseño tripartito en estilo Borre. Podéis encontrar más información sobre el broche original aquí.

El Barco Vikingo de Jellestad

Arqueólogos equipados con un georradar de alta resolución motorizado han encontrado un gran número de túmulos funerarios y casas comunales en el condado de Østfold en Noruega. Los descubrimientos fueron realizados por arqueólogos del Instituto Noruego de Investigación del Patrimonio Cultural (NIKU) con tecnología desarrollada por el Instituto Ludwig Boltzmann para la Prospección Arqueológica y la Arqueología Virtual (LBI ArchPro). El barco vikingo está casi en superficie, a una profundidad de aproximadamente 50 cm y fue inicialmente enterrado en un túmulo funerario. Las visualizaciones de datos digitales revelan una estructura grande y bien definida con forma de barco de 20 m de largo. Los datos indican que la parte inferior de la nave todavía se conserva. Se planean investigaciones adicionales no invasivas para mapear digitalmente el hallazgo único y su entorno.

El sensacional hallazgo se encuentra en Viksletta justo al lado del monumental montículo de Jelle en el condado de Østfold, Noruega. El equipo ha descubierto las huellas de al menos ocho túmulos funerarios hasta ahora desconocidos y que han sido destruidos por la actividad agrícola. Pero con la ayuda de georradar, los remanentes y las zanjas que encierran estos grandes monumentos aún pueden ser mapeados en detalle. Uno de esos túmulos muestra claramente los restos de un barco vikingo inicialmente enterrado en su interior. Hay indicios claros de que la madera de la quilla y el piso de la nave se conservan en la tumba. Según los datos digitales obtenidos sobre la nave vikinga, los arqueólogos han elaborado una primera reconstrucción hipotética del barco.

“Estamos seguros de que hay un barco allí, pero es difícil decir cuánto se conserva de él antes de seguir investigando”, dice Morten Hanisch, conservador del condado en Østfold.

“Este hallazgo es increíblemente emocionante, ya que solo conocemos tres hallazgos de barcos vikingos bien conservados en Noruega excavados hace mucho tiempo. Este nuevo barco será sin duda de gran importancia histórica, ya que puede investigarse con todos los medios modernos de arqueología” según dice el Dr. Knut Paasche, Jefe del Departamento de Arqueología Digital de NIKU, y un experto en barcos vikingos.

Junto a los túmulos funerarios monumentales, los datos del georradar revelaron 5 casas comunales, algunas de ellas notablemente grandes, una situación comparable a la del yacimiento de Borre en el Condado de Vestfold, en el lado opuesto del Oslofjord.

“El enterramiento de la nave no es algo aislado, sino que forma parte de un cementerio que está claramente diseñado para mostrar poder e influencia”, dice el arqueólogo Lars Gustavsen, líder del proyecto de NIKU.

Los arqueólogos de NIKU ahora están planificando un proyecto de investigación en detalle la nave de Jellestad, su acimiento y el paisaje circundante con métodos no invasivos antes de iniciar cualquier excavación. Se planea seguir utilizando métodos geofísicos no invasivos adicionales que proporcionarán más información sobre el terreno y datos adicionales sobre el propio barco sin tener que desenterrarlo y exponerlo a los elementos. Sin embargo, los profesionales no descartan que, a largo plazo, pueda ser necesario realizar una excavación.

Las investigaciones de georradar en el túmulo de Jell fueron llevadas a cabo por NIKU en estrecha colaboración con el consejo del condado de Østfold. El trabajo de campo fue realizado por Erich Nau y Lars Gustavsen. La metodología y el software utilizado en los sondeos fueron desarrollados por el LBI ArchPro.

Fuente https://archpro.lbg.ac.at/press-releases/georadar-detects-viking-ship-norway

 

Inchbrayock-Álora: algunos apuntes

En estas dos últimas semanas, he tenido la oportunidad de conocer a varias personas relacionadas con esta pieza que guarda el Museo de Álora. Por un lado, he podido charlar con John Hendry, que trabajó en Angus Rock Art (la empresa que en los 90 comercializó reproducciones de la Cruz de Inchbrayock y, también, de otras estelas pictas). Él conoció la de Álora gracias a la noticia publicada por el El País, que fue compartida en el FB de la Pictish Arts Society, y, desde un primer momento, supuso que la de Álora era una de sus reproducciones o una copia de éstas. Por otro lado María José Sánchez, la directora del Museo de Álora, se tomó la molestia de ponerse en contacto conmigo, a la vista de lo que había publicado en este blog, para explicarme cuál había sido su papel en todo este asunto. Una actitud la suya muy valiente, digna de agradecer y que no suele ser muy común. Habiendo conocido a ambas personas, el siguiente paso estaba claro: hacer de puente entre ellas e intentar arrojar algo de luz sobre este pequeño enigma.

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John Hendry estaba interesado en ver el reverso de la estela de Álora, porque estaba convencido de que eso le ayudaría a confirmar si era una de las reproducciones que ellos habían hecho en los 90, pero él no habla español y vive en Escocia. Tras comentarle a María José la petición de John, ella se encargó de ponerme en contacto con la concejala de Cultura de Álora, la sra. Ramos, con la que gestionamos los permisos para poder mover la piedra de su ubicación habitual en el Museo y, así, poder fotografiar su reverso. El revuelo que ha causado este asunto en Álora y su comarca ha sido bastante grande, por eso es necesario volver agradecer aquí todas las facilidades y la ayuda prestada por el Ayuntamiento de Álora y todos sus trabajadores, en todo momento han hecho lo posible para favorecer esta pequeña investigación.

El pasado viernes 21 la concejala nos concedió el permiso y pudimos fotografiar el reverso de la estela y, ese mismo día, pudimos enviar a John Hendry las fotos que se tomaron. John ya había expresado públicamente su convencimiento de que la de Álora era una de esas reproducciones hechas 25 años atrás o, quizás, una copia realizada a partir de aquéllas. Para confirmar sus suposiciones necesitaba ver el reverso de la pieza (él sólo había visto las fotografías publicadas en El País) y conocer sus medidas exactas. Las conclusiones a las que llega tras estudiar las fotografías proporcionadas por el Museo de Álora son las siguientes:

  1. A la pregunta directa de si la de Álora podría ser una de sus reproducciones, John responde que “no veo nada (en las fotos) que me haga pensar que no es una de ellas, pero no hay nada tampoco que me confirme taxativamente que lo es. Podría ser una copia de una de las nuestras posiblemente” y señala que “en el reverso hay unas cuantas burbujas que hacen que parezca una pieza hecha a partir de un molde“. Esas burbujas ya llamaron su atención en una de las fotos publicadas por El País y son uno de los defectos habituales que aparecen al utilizar este tipo de argamasas, son formadas por pequeñas bolsas de aire que no se eliminan antes de que se solidifique la argamasa. En su comentario final sobre las fotografías vuelve a recalcar que “es muy complicado hacer un diagnóstico determinante a partir únicamente de las fotos, pero la existencia de esas burbujas me convencen de que (la estela de Álora) no está hecha de piedra“.
  2. Las medidas de la estela de Álora son 87 cm de alto, 48 cm de ancho y 8 cm de grosor (las de la cruz de Inchbrayock son 73x48x5), John además las ha comparado con uno de los moldes de latex que se hicieron de la original (puede verse en una de las imágenes que ilustran esta entrada) y, como es natural, este molde coincide en el ancho y el alto con la pieza original pero no en el grosor ¿Por qué no coinciden todas las medidas? La de Inchbrayock es una estela que está tallada por ambos lados, sin embargo, tanto la de Álora como el molde de latex propiedad de John sólo reproducen uno de los lados de la pieza original, por eso no es significativo que las tres piezas tengan un grosor distinto. La altura de la estela de Inchbrayock y el molde de John coinciden, pero la de Álora es 13 cm más alta ¿a qué se debe esto? El molde de John es de los primeros que hicieron y reproduce fielmente las medidas la pieza original, pero con posterioridad se hicieron otros moldes con un añadido debajo de la parte decorada de la estela (las reproducciones de las que estamos hablando estaban destinadas, principalmente, a ser objetos decorativos de jardín y esa parte añadida sería lo que permitía hincar en la tierra la estela), la de Álora parece ser una de esas reproducciones de segunda generación.
  3. Otras pruebas propuestas. El Ayuntamiento de Álora tiene previsto hacer un examen geológico de la estela y John, que trabaja en la actualidad en ese campo, ha propuesto ciertos exámenes químicos a los que podría someterse la pieza. Él apunta que, diluyendo en fenolftaleína una pequeña muestra de la estela, ésta debería volverse rosa si está hecha de algún tipo de cemento, porque el cemento es una sustancia alcalina. Aunque también señala que, si la estela ha estado en el exterior expuesta a los elementos (recordad que se encontró en el campo), la muestra para hacer este examen debería ser del interior de la estela porque la lluvia ácida provocada por la contaminación atmosférica puede llegar a neutralizar la superficie de la pieza y dar resultados erróneos.

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El examen de las fotografías no ha resultado determinante, pero sigue planteando dudas sobre la autenticidad de la estela de Álora y todo apunta a que, o bien es una de las reproducciones hechas por Angus Rock Art hace 25 años, o una copia hecha a partir de aquéllas. El estudio geológico, que el Ayuntamiento de Álora ha anunciado, debería despejar rápidamente las dudas sobre la composición de la estela pero aún nos quedarán muchas preguntas sin responder ¿Cómo llegó a Málaga la estela? ¿Quién la trajo? ¿Con qué propósito? Me temo que, la respuesta a estas cuestiones, no será tan sencilla como averiguar la composición de la estela…

Foto principal: Folleto publicitario de Angus Rock Art

Foto 2: Reverso de la Estela de Álora

Foto 3: Molde propiedad de John Hendry

Felipe II y el pudding inglés de ciruelas

Enigmático título el de la entrada de hoy ¿Verdad? Voy a salirme un poco de la temática habitual del blog para contaros la curiosa historia de una adivinanza. Ya sé que, tratando los temas que suelo tratar aquí y puestos a hablar de adivinanzas, lo normal sería hablar de los 35 enigmas que plantea Odín (aparentando ser Gestumblindi) al rey Heidrekr o, quizás, recordar como consigue Bilbo Bolsón el anillo… Pero sé perfectamente que la mayoría de vosotros ya conoce esas historias, así que, he preferido traeros la de otra adivinanza mucho más modesta.

La historia de la adivinanza que os voy a plantear la conocí en el Twitter de @oldweirdbritain (os recomiendo vivamente que le echéis un ojo) y me cautivo inmediatamente. Aparentemente es una receta de repostería disfrazada en forma de adivinanza… Pero podría tener otra lectura no tan obvia. Os dejo juzgar a vosotros:

Flour of England, fruit of Spain,
Met together in a shower of rain;
Put in a bag tied round with a string,
If you’ll tell me this riddle, I’ll give you a ring (1)

La solución más evidente es el plum pudding o pastel de de ciruelas, pero esta adivinanza del siglo XVI encierra otro acertijo con un trasfondo histórico, que es el que a nosotros nos interesa, nada más y nada menos que el matrimonio real entre Felipe II y María Tudor. El XVI fue un siglo convulso para las relaciones hispano-británicas y, la boda entre la nieta de los Reyes católicos y el hijo de su primo, fue un intento de ganar a Inglaterra de nuevo para la Europa católica y de sellar la paz entre ambas potencias.

Parece ser que, la llegada del príncipe español a costas inglesas, se produjo bajo un fuerte aguacero que se prolongó durante días, al menos hasta que los prometidos se vieron en persona por primera vez. En ese encuentro pasado por agua intercambiaron regalos de compromiso, él le entregó a María la llamada Perla Peregrina (joya que puede verse en casi todos los retratos que se hicieron de la reina durante su reinado) y, ella a su vez, le dio un anillo a Felipe… If you’ll tell me this riddle, I’ll give you a ring.

El corto reinado de María Tudor fue lo suficientemente largo para que se ganase el apodo de Bloody Mary, se estima que la esposa de Felipe envió a unas trescientas personas a la hoguera por motivos religiosos… No parece que fuese buena idea hacer ningún tipo de comentario sobre su matrimonio y, de hacerlo, era más seguro hacerlo en forma de acertijo.

Ilustración, María y su esposo Felipe, de Hans Eworth, 1558

(1) Harina de Inglaterra, fruta de España se encontraron bajo un fuerte aguacero. Mételas en un saco y amárralas con un cordel. Un anillo te daré, si adivinas qué es.

¿Se tatuaban los Pictos? (y 2)

Hemos hecho un buen repaso a lo escrito por los historiadores grecolatinos sobre los tatuajes de Britanos y Pictos. Aunque parece exagerado asegurar que todos esos historiadores se limitan a repetir, con mayor o menor fidelidad, lo dicho por César, debemos admitir que ninguno de ellos habla de experiencias directas, lo que saben de Britania lo conocen por haberlo leído a historiadores precedentes. El único pisó Britania fue Julio César y él no habla de tatuajes, él sólo menciona el vitrum que usan para pintarse la piel. Además, si es acertada la identificación que suele hacerse de ese tinte azulado extraído del glasto, os diré que dicho tinte no puede usarse para elaborar tinta de tatuaje porque evita que cicatricen las heridas. Hasta ahora, con lo único que contamos a favor de la práctica del tatuaje en la antigua Britania, es: la persistencia de muchos historiadores clásicos en hablar sobre las marcas en la piel de los nativos de aquella isla, como ninguno de ellos estudio en la Universidad Rey Juan Carlos quizás no estén simplemente plagiándose unos a otros; y, el conocimiento indirecto de Britania de uno de ellos, Estilicón, el mecenas de Claudiano, sí estuvo en la isla sofocando una revuelta de Pictos y Escotos. No es mucho pero algo es algo.

En la Edad Media seguimos encontrando numerosas referencias a la costumbre del pueblo Picto de decorarse con marcas permanentes la piel. Quizás, la más importante de dichas referencias, sea la que deja escrita sobre ese pueblo nuestro Isidoro de Sevilla… “Su nombre se deriva de la apariencia de su cuerpo, sobre el que practican pequeñas per-foraciones con el extremo de una aguja, impregnada con el jugo extraído de una planta nativa, de modo que por las marcas que llevan en sus extremidades demuestran su rango y su nobleza” (1). Pero siendo Isidoro un buen conocedor, como es, de la historiografía clásica podríamos descartarle precisamente por su erudición. Si en la antigüedad clásica los tatuajes se habían convertido en un tópico al hablar de Britania, nuestro buen Isidoro bien puede estar perpetuando ese mito y, a su vez, debido a la gran influencia de su obra en toda Europa occidental podemos descartar muchas de las referencias posteriores a él, porque se limitan a copiar lo dicho por el sevillano (a veces casi literalmente, como sucede con la Crónica Picta del siglo X). El caso es que se siguen repitiendo referencias sobre los tatuajes pictos hasta bien entrada la Edad Media, así, todavía en el siglo XI encontramos  una versión en gaélico de la Historia Brittonum de Nennius que vuelve a afirmar  lo mismo “reciben su nombre por tatuar su pálida piel” (2).

Os estaréis preguntando ¿para qué sigo acumulando citas y citas de historiadores si todos parecen limitarse a repetir lo dicho por sus antecesores? A estas alturas, la mera acumulación de referencias no va a demostrar nada. Estoy de acuerdo, hemos de buscar alguna otra forma de resolver nuestro enigma. La única prueba indiscutible, que demostraría la práctica del tatuaje en el norte de Britania, sería encontrar un cuerpo momificado con tatuajes, uno como Ötzi o las momias Pazyryk desmotrarían su uso taxativamente. Pero por desgracia, para el caso de Britania no hemos encontrado cuerpos momificados con tatuajes, se han encontrado varios cuerpos conservados en turberas y alguno de ellos conserva restos de pintura corporal pero no marcas permanentes en su piel. Ésa sería la opción ideal, pero también es muy improbable.

De los tatuajes Tracios ha quedado constancia en el arte, hay numerosos restos de cerámica griega donde se representan personajes con figuras de animales y motivos geométricos dibujados sobre la piel, personajes que son identificados como Tracios por esos tatuajes ¿Hay algo así en Britania? De los Pictos se conserva un enorme corpus escultórico en piedra, pero la sutileza con la que sería representado un tatuaje sobre una escultura y el paso de los siglos hacen que sea muy problemático identificar, de manera taxativa, como tatuajes algunas de las marcas que se pueden apreciar sobre alguna de las figuras humanas representadas en el arte Picto. Hemos de irnos a la vecina Irlanda para encontrar alguna pista más contundente, así, en el Libro de Kells, una de las obras maestras de la iluminación medieval, donde aparecen representados varios guerreros con el cuerpo pintado de azul y verde, también aparece un hombre, que está siendo devorado por un gran león, con los miembros cubiertos de entrelazos (la imagen que abre el artículo es una reproducción de esa miniatura). ¿Son esas marcas que se ven sobre el cuerpo del hombre devorado tatuajes o quizás bordado sobre sus ropas? Otro callejón sin salida pero, si os fijáis en el rostro, podéis ver tres marcas sobre su mejilla que podrían ser pecas… a no ser que guarden relación con lo que apuntaba Claudiano sobre Britania, a la que personificaba como una “una mujer con las mejillas tatuadas“.

Hemos acumulado un montón de pruebas circunstanciales, pero nos falta la pistola humeante que pruebe la práctica del tatuaje en el norte de Britania… De los historiadores y de los poetas no nos fiamos, el arte no es concluyente… ¿os convencería un testigo directo? ¿Quizás un enviado papal sea digno de crédito? Pues ese testigo existe, es Jorge, Obispo de Ostia, enviado junto Teofilacto, Obispo de Todi, por el Papa Adriano a Inglaterra en el año 786 con la misión de evaluar cuál es el estado de la iglesia en la isla y tratar de erradicar posibles herejías. Tras reunirse con los monarcas de los reinos sureños de Wessex y Mercia, Teofilacto dirige sus pasos hacia Gales mientras que su compañero marcha hacia el norte, a Northumbria, donde se reunirá con Alcuino y el rey Aelfwold en York. Es durante esa estancia en el norte de Inglaterra cuando, Jorge de Ostia, condena la práctica pagana de desfigurar el cuerpo con “horribles cicatrices” y “la injuria de teñirse la piel”(3). El Obispo de Ostia condena una práctica, la de tatuarse el cuerpo, que aún pervive en el norte de Britania cuando él visita Northumbria, Jorge no  tendría necesidad de condenar un tópico de la literatura latina sobre los habitantes de Britania o bien podría haberlo hecho nada más desembarcar en la isla. Sin embargo, es cuando viaja al norte cuando decide condenar explicitamente una práctica que, a sus ojos, es bárbara y pagana. En mi opinión, esa condena del enviado papal prueba taxativamente que, al menos hasta el 786, la práctica del tatuaje pervivió en el norte de Britania y, por tanto, no estamos ante un mito historiográfico sino ante una realidad.

Ilustración © Vítor González, Pictish Man? Kells Folio 130R (publicada originalmente en el libro Arte Del Norte, 2016)

1 San Isidoro de Sevilla, Etimologías

2 Gilla Cóemáin (atribuido), Lebor Bretnach

3 Nick Aitchison, The Picts and the Scots at War